Desde hace muchas décadas, la Bibliotecología en nuestro país ha sido ignorada, olvidada o lo peor de ello, marginada. Nunca se le ha dado a esta profesión el valor que tiene. Es por los bibliotecarios y bibliotecólogos que las otras profesiones encuentran la bibliografía adecuada para poder completar, ampliar y continuar sus estudios.
El arduo trabajo del bibliotecólogo en analizar, clasificar y procesar un documento para que esté al servicio de un estudiante o profesional, es totalmente menospreciado. El bibliotecólogo es visto tanto en empresas estatales como privadas como un ser inactivo e improductivo, porque se piensa que no están generando dinero a la empresa donde labora. Al bibliotecólogo se le ha catalogado como una persona que no hace más que prestar un documento o libro solicitado, desconociendo la gran responsabilidad y trabajo que implica ser bibliotecario.
A pesar que en nuestro país se han fundado más de 50 bibliotecas públicas a nivel nacional, creemos que faltan profesionales para organizarlas, dirigirlas y conservarlas. Esto tiene su incidencia en el absurdo cierre de la Carrera de Bibliotecología, como si ésta no tuviera primordial importancia en la labor educativa y social de nuestro país.
Ser bibliotecólogo implica haber cursado una carrera y en el caso del bibliotecario haber realizado diversos cursos técnicos. Pero, aparte de eso, existe en ellos un amor natural por aquellos documentos, manuscritos, periódicos, los cuales son vistos y tratados por muchos profesionales, incluso por aquellos de profesión afín, como los comunicadores, como simples “papeles viejos”.
El profesional de la Bibliotecología se ha venido enfrentando desde hace años a los bajos salarios en relación con los otros profesionales, aunque al igual que éstos, cumplan todo un pénsum académico universitario.
La Bibliotecología en la década de los 70 tuvo un auge profesional, podríamos decir que fue el florecimiento de la Bibliotecología nicaragüense. Hoy, al inicio del siglo XXI, se debe reivindicar esta profesión, que entre otras cosas, es la que se encarga a través de sus análisis y sus clasificaciones de conservar la memoria histórica de un país.
El 8 de noviembre, “Día del Bibliotecario”, pasó sin pena ni gloria, a diferencia de otros días festivos que son celebrados y anunciados con gran pomposidad: día de la secretaria, del médico, del diabético, del periodista, del contador y hasta del ganadero.
Debemos fortalecer la Asociación Nicaragüense de Bibliotecarios y Profesionales Afines (Anibipa), para que nuestra profesión vuelva a tener el lugar primordial que ocupó en la década de los 70.
Julio León Báez.