Sandinistas podrían sorprender

  • Quizás continúen o superen las obras de progreso que han realizado los demócratas, al fin y al cabo ese es su propio reto, tratar de pasar de un partido mayoritario a un partido de la gran mayoría

Gerardo Bermúdez Moreira*

Para mucho analistas independientes, no fue una sorpresa el triunfo de Herty Lewites para la Alcaldía de Managua. Es algo que se miraba venir a todas luces, aunque aparentemente fue desapercibido o ignorado por los comparsas de los partidos democráticos.

Seguramente en los próximos días van a salir a flote las pasiones antagónicas del sector demócrata fuerte en la contienda, es decir, liberales y conservadores, cuyas acusaciones mutuas van a tratar de “culpar” al otro por su derrota. Me imagino ver pasar argumentos desde que la Alcaldía ya estaba negociada entre liberales y sandinistas, hasta que los conservadores, según la visión liberal, propiciaron la victoria sandinista al no “plegarse” a la corriente liberal.

El fenómeno sandinista, no requiere mayor análisis. Siempre ha demostrado ser un partido fuerte y disciplinado con una clientela política casi fija, impulsada por una mezcla de fanatismo, contumacia e impunidad perpetua, además de uno que otro toque de romanticismo izquierdista.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, creo que existieron al menos tres elementos para que los resultados se dieran como realmente acaecieron.

Primero el hecho que las elecciones municipales se dieran aparte de las generales o presidenciales. Esto permitió el pulseo político del sector democrático para aclarar perspectivas: los liberales querían comprobar su verdadera fuerza política, no muy clara todavía por su llegada al poder a través de alianzas y medir el prestigio y liderazgo que les quedaba después de tantas acusaciones de corrupción, y los conservadores por su parte tenían que demostrar también su propia fortaleza, y reclamar su espacio negado por los liberales.

Por último el elemento más complejo, ya que se trata de interpretar el flujo de votos entre el sector democrático. Este nos dice que aunque la ciudadanía tiene sus simpatías en este sector del espectro político nicaragüense, éste no sigue los lineamientos absolutistas de ningún partido, por eso el voto demócrata se movió entre un eje antisandinista y otro anticorrupción. Esto lo digo porque mucha gente comentaba que tenía simpatías por los conservadores -por la aparente corrupción liberal-, pero votarían por liberales porque aparecían razonablemente como mejor estructurados (antisandinismo) y porque ya comenzaban a hacer mella las insinuaciones de corrupción de un líder conservador.

Otros definitivamente votarían por los conservadores -nunca por sandinistas- porque percibían el manejo de todo el Estado como corrupto y pactista.

Lógicamente pueden haber otras combinaciones, pero aquí, al contrario de los sandinistas, no es la propia clientela de estos partidos la que inclina la balanza al final, sino la gente que trata de razonar su voto de acuerdo a la honesta percepción de los líderes y los partidos.

A pesar de todo, es posible pensar que estos resultados redundarán en beneficio para las aspiraciones más sentidas de la mayoría demócrata, ya que lanza una serie de lecciones y mensajes claros hacia la cúpula de los partidos políticos, y, hacia quienes les otorgan tiempo y dinero.

La ciudadanía ha dicho que no al esquema bipartidista que se venía planteando y a los extraños maridajes políticos que producen alianzas antinaturales y deplorables. El sector demócrata tiene que buscar el mecanismo políticos que permita hacer a un lado el chantaje político sandinista cortando de una vez por todas la espada de Damocles que pende continuamente sobre el Estado nicaragüense.

Se ha dicho que no también a las ambiciones personales y partidistas, desmedidas y de cualquier color, el pueblo no quiere caudillos, quiere estadistas verdaderos.

Por último, la gran lección y la gran esperanza, la mayoría de los nicaragüenses son demócratas, éstos son los que deciden los que premian o castigan, es el sector pensante de la población, el que no sigue consignas.

El gran mensaje para los líderes demócratas, para sus partidos, es que tienen que recomponer sus estrategias, modernizarse, democratizarse internamente, para evitar el micropartidismo, para que no se entronicen en el poder las fuerzas oscuras de la nación, para que no se conviertan las paralelas históricas en partidos “para-lelos”. También es un gran reto para la ciudadanía participar, incidir, cambiar estructuras y autoconformar un destino como nación.

Realmente todavía las cosas no están tan mal, quizás nos den la sorpresa los sandinistas, y continúen o superen las obras de progreso que han realizado los demócratas, al fin y al cabo ese es su propio reto, tratar de pasar de un partido mayoritario a un partido de la gran mayoría.

Por el momento sólo tengamos la seguridad que nuestro futuro alcalde sabrá ahorrar costos a la Municipalidad en los servicios públicos, y que tal vez logre tranquilizar a las pandillas, reduciendo el índice de criminalidad en Managua.

Otra cosa es la salud del alcalde, roguemos en verdad porque ni un resfrío lo ataque durante su gestión.

Salud, alcalde.

*El autor es Licenciado en Admón. de Empresas.  

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