Sobre las municipalidades

* Cairo Amador

Todo el siglo XVII y XVIII fueron siglos de elucubración sobre la sociedad que debió ser. Alrededor del tema, se conjugaban desde diferentes acepciones del Derecho Natural, hasta interpretaciones varias del rol del individuo y la sociedad con todas sus combinaciones y permutaciones.

Con todo, alrededor de esas enormes edificaciones mentales subsistía el claro ejemplo de una solidaridad comunal, que huérfana de teorías, resumía en la práctica la solidaridad humana. Esto se resumía en la convivencia comunal, un terreno de todos, en donde la sabia historia con modestia, enseñaba que la práctica social superaba con creces las abstracciones de sus más dotados teóricos.

El pugilato de las abstracciones teóricas a nivel de las ideas políticas, con toda la influencia que irradió sobre el pensamiento social, nunca pudo suplantar las relaciones humanas que se dispensaban alrededor de la congregación de las comunidades.

Tan es así, que un parangón de solidaridad comunal es recordado, rememorado y aleccionado a partir de la Comuna de París, arquetipo de explicación de lo que para la corriente marxista fue ejemplo de una situación revolucionaria..

Modernamente, todos estos esfuerzos comunales tienen su expresión en la unidad básica socio-política expresada en los municipios. España nos la hereda, más bien se da un sincretismo entre lo que teníamos y lo que se nos impone, resultado el municipalismo, expresión milenaria de solidaridad social muchas veces desvirtuada con igual número de intentos por restaurarlas.

Insertos en una democracia que no terminamos de conocer, con líderes que en su mayoría propugnan acciones que no están interesados en cumplir, repitiendo de esta forma sofisticada el abismo que existe entre los deseos y los actos. La realidad del municipalismo se encuentra a horcajadas entre la necesidad que tienen de desarrollarse y las postergaciones históricamente reiteradas.

Todo un complejo de contradicciones resolviéndose en otra contradicción.

Descentralización y desconcentración no son palabras huecas, necesitan de previo capacitación intensa, para que ello no evoque ideas que su estado anterior sea mejor. Necesita igualmente asignación de fondos suficientes para que el proyecto no sea una chimbomba de aire; necesita antes de lo anterior, transparencia en el manejo de la cosa pública, integración de las diferentes vertientes de opinión pública bajo un manto de tolerancia política y congruencia de todas estas acciones con el poder central.

En esto, quizás es uno de los pocos campos en que no estamos retrasados, salvo excepciones, ese es el problema para muchos países de América Latina.

Esa situación, lejos de cohibirnos, debe ser un resorte de acción para poner en marcha un esquema de mayor participación de la sociedad civil, unidad básica de la vida municipal, para revertir la práctica claudicante de no hacer. Esta contradicción se resuelve vía la voluntad política de los poderes del Estado en otorgarles a los municipios el presupuesto estipulado constitucionalmente y sin el cual es difícil llevar a cabo una gestión edilicia correcta. Por supuesto esto debe ser acompañado por intensos esfuerzos en el área de capacitación, la cual a nuestro criterio debería ser objeto de prioridad por parte de los organismos multilaterales y organismos no gubernamentales que impulsan proyectos comunales.

* El autor es analista político.  

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