Tuve la oportunidad de ver la sexta edición de la presentación “Tejiendo Amaneceres” de un colegio capitalino. Fueron 34 números (de poesía, teatro, coros, baile, música y alegría) que nos contagiaron de ese entusiasmo y ese espíritu tan especial que tienen nuestros niños y nuestros jóvenes.
Fue un canto tan bello a la vida, a la esperanza, al amor, a la solidaridad, que se convirtió –sin ellos proponérselo— en un precioso reclamo a lo que los adultos le hacen a Nicaragua y a su futuro.
Los adultos hacen (o permiten) pactos perversos que están hipotecando la libertad de Nicaragua. Se sigue empecinados en utilizar el poder político para enriquecerse sin ver que la pobreza se apodera del país y compromete la estabilidad y la paz social. Se ve con tranquilidad cómo un pequeño grupo se apodera de los Poderes del Estado y no hay ninguna independencia de los poderes Legislativo, Judicial y Electoral de los caprichos del Ejecutivo.
Como que fuera en otro país, la gente se queda tranquila ante los checazos, las indemnizaciones inmorales, los sueldos millonarios en un país pobre y altamente endeudado, las órdenes presidenciales de transferencias, la estafa (disfrazada de compra de tierras) a campesinos olvidados y sumamente empobrecidos, y la actitud cínica de los que usan la política para su propio bienestar, haciendo gala de su inmoralidad.
¿Qué se espera? ¿Otra guerra, otra profunda división entre los nicaragüenses? ¿Acaso no bastó con la dictadura de los Somoza y con los desastres del FSLN? Realmente es inaudito y contradictorio que mientras los hijos e hijas tejen amaneceres, los adultos están tejiendo o dejando tejer más noches oscuras.
Alberto Rojas.