Jorge [email protected]
Para cuando este artículo se publique, quizás sepamos ya quién resultó ganador en la competencia por la Alcaldía de Managua, la municipalidad más codiciada por los partidos contendientes. Pero en este momento en que lo estoy escribiendo es sábado por la tarde y faltan todavía varias horas para que se inicien las votaciones, por lo que a estas alturas sólo me resta aguardar con paciencia el día de mañana domingo para ejercer mi derecho al voto y esperar los resultados. Ojalá que los candidatos que obtengan el favor de los votantes, tanto en Managua como en todos los otros municipios, actúen con honestidad y eficiencia en pro de sus respectivos electorados.
Mientras tanto, aprovecharé esta oportunidad para comentar sobre un asunto que considero de gran importancia, como es la relación íntima y estrecha que existe entre los ingresos de la Alcaldía y el estado general de la economía.
Cuando en la campaña electoral le preguntaban a los candidatos sobre lo que pensaban hacer para aumentar los ingresos de la Comuna, casi todos se referían únicamente a una posible revaluación de los valores de los bienes inmuebles, o sea, que proponían subir el valor estimado de las propiedades, edificios y casas para que sus dueños paguen más impuestos. Esa propuesta está basada en una lógica redistributiva muy propia de la mentalidad socialista. Quienes la promueven piensan sólo en redistribuir la riqueza y no en crearla. Ese es un grave error. Cuando se procede de conformidad con esa idea se puede dar una sensación de bienestar en el muy corto plazo, pero más pronto que tarde el resultado es un empobrecimiento general del país.
La Alcaldía de Managua recibe un total de ingresos anuales de 400 millones de córdobas aproximadamente. De ellos, unos 215 millones, o sea, más del 50 por ciento provienen del impuesto sobre ventas. El resto proviene de los impuestos a los bienes inmuebles, de la recolección de basura, de matrículas, de permisos, y de otros conceptos. Eso quiere decir que la mayor parte de los recursos con los que cuenta la Municipalidad para hacer obras y para proveer servicios, es algo que está en función del estado de la economía, lo cual no depende de lo que haga el alcalde, sino de factores totalmente fuera de su control, como son, por ejemplo, las políticas económicas que implemente el gobierno central, y el ambiente general de negocios que prive en la nación.
El ingreso por impuesto sobre ventas, a su vez, depende del número y valor de las transacciones comerciales de compra-venta que se den libremente entre los ciudadanos. Si estas son muchas, la Alcaldía recibe más ingresos y cuenta con más recursos para hacer obras en beneficio de la ciudadanía, pero si las transacciones son pocas, los ingresos edilicios se reducen, y con ello, la capacidad municipal de servir a la ciudadanía.
De lo anterior se desprende que, sólo una economía fuerte y creciente es la que puede aumentar considerable e ilimitadamente los ingresos de la Alcaldía de Managua y de cualquier otra, pero conviene señalar también que una economía creciente no es cosa del azar, ni es algo que cualquier sistema económico puede producir. Sólo una economía de libre mercado, operando dentro de un marco de leyes y de instituciones que respeten la propiedad privada y que fomenten la libertad individual y la creatividad -y no que las restrinjan- es la que puede hacer florecer una economía, y por ende, aumentar los recursos financieros de las alcaldías.
Pero todavía hay más. Una economía estancada o en recesión hace que se reduzca la construcción de nuevas viviendas, y por consiguiente también los ingresos que percibe la Comuna por concepto de bienes inmuebles. Igual efecto tiene a mediano plazo un gravamen muy alto sobre los bienes inmuebles, ya que al elevarse el costo de poseerlos, se desincentiva el esfuerzo que se hace por obtenerlos.
Todo lo anterior lo vivimos en Nicaragua en la década de los ochenta. El sistema político, económico y social de corte estatista y socialista que impuso el Frente Sandinista, restringió la libertad individual y ahogó la creatividad empresarial. Como era de esperarse, la economía se contrajo y se dejaron de construir nuevas casas y edificios. Mientras en la década de los setenta se construyeron unas 13,000 nuevas viviendas, en toda la década de los ochenta no se construyeron ni siquiera 1,000.
No nos engañemos ni dejemos que nos engañen. Sólo la libertad económica, política y social puede hacer florecer una economía y aumentar los ingresos de las alcaldías.
*El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA, y catedrático de la Universidad Thomas More.