- Ahora que estamos haciendo filas para elegir a nuestros alcaldes, tengamos como criterio quién profesa su fe católica abiertamente y aún dentro de sus imperfecciones sea una garantía para la fe, los Derechos Humanos, el progreso social y la libertad de expresión para nuestro país
Pbro. Silvio Fonseca Martínez
Amarás al Señor tu Dios.
Amarás a tu prójimo.
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34.
En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”. Jesús le respondió: “El primero es: escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos”.
El escriba replicó: “muy bien Maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.
Jesús, viendo que había hablado sensatamente, le dijo: “no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Lecturas Bíblicas: Deuteronomio 6, 2-9/Hebreos 7, 23-28/San Marcos 12, 28-34.
Las lecturas de hoy hablan por sí solas que sólo falta ponerlas en práctica, pero para nuestro conocimiento personal, me parece útil recordar la fe monoteísta de los israelistas, cuyo equivocado celo los llevó incluso a divorciar su fe con el amor al prójimo, y los setecientos mandamientos que circulaban en la época de Jesús, que los llevó a un escrúpulo y conflicto de conciencia, fijándose en minuciosidades y abandonando lo más importante como es la persona. Como ilustración basta leer este evangelio de aquel escriba versado en la Sagrada Escritura, pero vacío de amor hacia el prójimo.
Como bien sabemos esta enseñanza de Jesús significó la verdadera revolución de la historia hasta nuestros días, es el imperativo y la norma del cristiano, irrenunciable e innegociable; pero igual que la mentalidad judía, el cristiano corre el riesgo de una fe intelectual y de una práctica piadosa, pero sin compromiso ninguno. El escriba que interpela a Jesús se revela como una persona sensata y tal vez de buenas costumbres, pero aún distante del Reino de Dios. Sin complicarnos la vida, el Señor nos revela que el gozo del Reino de Dios está en la práctica del amor; todo lo demás son adornos y palabras, con cierta importancia, pero no lo determinante para lograr el fin de la fe como es el Reino de Dios.
En la actualidad vemos con gozo el interés por el estudio de la Sagrada Escritura en el pueblo de Dios; los innumerables discursos teológicos escritos y hablados; útil para la fe; sin embargo, la práctica del amor cristiano debe ser el termómetro de todo los días, al amanecer y al anochecer. Aquí tiene cabida la enseñanza de los santos: San Agustín decía: “Ama y haz lo que quieras”. San Juan de la Cruz enseñaba: “En el atardecer de nuestras vidas Dios nos va a juzgar por el amor”.
Hay diferentes tipos de amores, todo amor se expresa; San Pablo nos legó una de las mejores definiciones del amor cristiano (1 Cor. 13); obviamente jamás será perfecto por la debilidad humana; ya que el amor perfecto sólo viene de Dios; el amor cristiano significa respetar la dignidad de las personas, promover la paz y la justicia, etc. Todo cristiano debe hacer del amor evangélico su bandera, sin dejarse llevar de los respetos humanos: como presidente, como diputado, ministro, alcalde, militar, policía, civil, etc. A pesar de su condición pecadora nunca debe silenciar su fe y procurar en la medida de lo posible demostrar con hechos en su puesto el mandamiento del amor.
El que no cree en Dios ni lo teme, ni le importa cometer las peores barbaridades contra las personas; a cambio, ponen su fe y seguridad en las armas, las ideologías, el poder, el dinero, etc. Ahora que estamos haciendo filas para elegir a nuestros alcaldes, tengamos como criterio quién profesa su fe católica abiertamente y aún dentro de las imperfecciones, porque nunca habrá un gobierno perfecto, sea una garantía para la fe, los Derechos Humanos, el progreso social y la libertad de expresión para nuestro país. No nos enredemos, ni nos dejemos llevar por pasiones políticas, sino por la razón. Crezcamos diario en el amor cristiano.