Jaime Vega Luna
Obviamente, en términos serios, el futuro no se puede predecir. El mañana siempre es una incógnita. El único instrumento que tiene el hombre para atisbar el porvenir es la Historia o más bien para inducir acontecimientos futuros.
En la Historia podemos ver con gran claridad los aciertos y errores que, como pueblo, hemos cometido y que se manifiesta en la realidad del presente.
Nicaragua, siendo un país con grandes riquezas, tiene hoy un pueblo sumamente pobre, lo que quiere decir, elocuentemente, que son más los errores que los aciertos, los que tenemos en nuestro haber, lo que nos da como resultado de una simple ecuación, que es urgente un golpe de timón, para revertir lo actuado hasta ahora y buscar otro sendero.
Ahora, de frente a las próximas elecciones, es una oportunidad que nos presenta de dar ese giro que nos ponga en el sendero del progreso y del bienestar.
Por ejemplo: si votamos a favor de un Partido totalitario y destructor, debemos de presumir que tendremos un gobierno destructivo y totalitario; si votamos a favor de un Partido de características dictatoriales, tenemos que presumir que tendremos un gobierno que evolucionara a una dictadura. Si votamos a favor de un partido democrático obviamente tendríamos un gobierno con esas calidades.
Un amigo, muy versado en estos temas, me comentaba que la Historia debe ser para la sociedad lo que el espejo retrovisor es para un buen conductor; ir viendo la carretera, ir viendo hacia delante pero con frecuencia ir observando el retrovisor, sobre todo en los momentos de efectuar maniobras difíciles, para tomar decisiones sabias que lo lleven siempre adelante, seguro, sin accidentes que lamentar.
Eso no significa aferrarse al pasado. Significa ver el futuro.
Un breve examen de nuestra historia nacional que, aún que negativo su resultado, nos tiene que dar la clave para el cambio que necesitamos.
Aún quedan en el país fuerzas actuantes que, aunque nacionales, están íntimamente influenciadas por fuerzas extranjeras o internacionales y con un interés ideológico que se resiste a desaparecer en las que se pueden descifrar muchos de los males que nos aquejan. Y otras que les has propiciado la oportunidad de continuar la mítica labor inconclusa.
Nicaragua necesita una fuerza nueva que genere un estimulo positivo en uno mismo e iniciemos una recolección de frutos que nos lleve a la riqueza y que dé nacimiento a una generación que coloque los fundamentos de un verdadero Estado de Derecho y que finalice la crisis eterna que vivimos de Estado-Partido estableciendo una nueva forma de Gobernar.
Recordemos que para hacer un buen futuro es necesario no olvidar el pasado.
* El autor es ingeniero.