El voto, fundamento de la democracia

Emilio R. Cornejo Arévalo

Las elecciones como ejercicio de la democracia, representan una ocasión privilegiada en la que el pueblo manifiesta su aceptación o rechazo, con relación a las diferentes propuestas políticas que pretenden representar las aspiraciones de ese mismo pueblo. El llamado a participar en la presente contienda electoral es a la totalidad de quienes ostentan la nacionalidad nicaragüense, sin distingos, preferencias, ni marginaciones; ya que la política como disciplina y práctica, es inherente a todo ser racional que, a través de ella, se realiza en su vocación primigenia de construir el bien común. Podríamos decir, que es la dinamia natural de una obligación contraída, desde el momento mismo que nacemos vinculados a una colectividad humana: familia, barrio, parroquia, municipio, departamento, país.

No ser beligerante en el ejercicio de este derecho consustancial al ser humano, resta solidaridad y perfección al compromiso social por construir la democracia, y puede ser el resquicio por donde se filtren formas adulteradas de “convivencia social”, como la autocracia, las dictaduras de partido, las dictaduras económicas, etc. Además, la omisión de este derecho como práctica real y efectiva, podría conducirnos a la creación de estructuras deformadas, fruto del quietismo, el indeferentismo o la pasividad política, que fracturarían seriamente los avances que en cuestiones de vida democrática hemos venido realizando. No importa que descubramos la existencia de múltiples factores que lesionan la vivencia democrática ¡no importa!, esto más bien debe ser motivo para redoblar nuestros esfuerzos; al fin y al cabo, la existencia de ambientes conflictivos, de climas no propicios, no es más que la expresión de las virtudes y defectos, de los aciertos y errores, de quienes como pueblo empeñamos nuestros esfuerzos día a día, por construir mejores horizontes.

La democracia es un proceso permanentemente inacabado, y a los hombres y mujeres de recia voluntad, criterios claros y formados en el fragor de la experiencia diaria, protagonistas de sus propias decisiones y destinos, corresponde modelar el testimonio cívico de practicar la libertad, libertad digna y consciente que asume responsabilidades, riesgos y derechos.

La doctrina cristiana nos anima proclamando nuestra condición de co-herederos, co-creadores y co-responsables en el ordenamiento de las cosas de este mundo; por lo tanto, si como creyentes asumimos como cierto este mandato (misión), esto deberá conducirnos a una toma de posición ante la realidad que nos circunda. No podemos postergar lo que en derecho, compromiso personal y hacia los otros corresponde hacer ahora, independientemente de los peligros y obstáculos que se vislumbren, y aún, los que en la marcha se presenten, como fruto de las ambiciones, las intransigencias, los vicios o iniquidades de algunos actores de la misma comunidad política.

Quisiéramos no equivocarnos de manera que al final, resulten escogidos los mejores hombres y programas que al juzgarlos al paso de los días, resistan dignamente las cuentas que la historia habrá de requerirles. Somos pueblo con una estructura moral que demanda entre otras, de los candidatos, la integridad de méritos y capacidades en el campo ejecutivo, en el área formativa, pero fundamentalmente en los aspectos creativos y humanos que propicien la materialización de condiciones que posibiliten no sólo el bien público generalizante, sino aún más, los vastos designios que cada criatura en particular merece.

Quienes se erijan en poseedores de estos atributos y ostentan la aspiración y posteriormente el privilegio de ser favorecidos por esta sociedad que confía y espera lo mejor, deberán predisponerse a ejercer sus cargos, desde la perspectiva de que asumen únicamente una representatividad dotada de autoridad delegada, y por lo tanto, limitada en tiempo y en espacio, resguardando su legitimidad, en tanto y cuanto, sean instrumento fiel al servicio de la voluntad y bienestar del pueblo, como instancia única y real, que por propiedad natural ostenta el verdadero poder político.

* El autor es Administrador de Empresas.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí