Con la votación de mañana culmina el proceso electoral municipal que oficialmente se inició hace dos meses, pero que de hecho comenzó mucho antes. Un proceso que fue ensombrecido por diversos actos gubernamentales excluyentes, previamente determinados por la voluntad política que se plasmó en las reformas constitucionales, en la Ley Electoral y en la composición bipartidista del CSE, que resultaron del pacto libero–sandinista del año pasado.
Mientras en otros países –como por ejemplo México y Brasil- se ha avanzado notablemente en el perfeccionamiento de los mecanismos democráticos y se han creado organismos electorales profesionales, apartidistas y neutrales, en Nicaragua se ha retrocedido y el Consejo Supremo Electoral (así como la Corte Suprema de Justicia) ha sido sectorizados para favorecer a los dos partidos dominantes, PLC y FSLN, y para excluir o minimizar la competencia política.
Al respecto fueron escandalosas las arbitrariedades que se hicieron para impedir la candidatura de Pedro Solórzano y excluir a diversos partidos, como el Liberal Democrático de José Antonio Alvarado y Unidad Nacional del general retirado Joaquín Cuadra Lacayo. Además, el CSE excluyó en la Región Autónoma del Atlántico Norte al partido indígena Yatama, provocando una grave situación de violencia y de resentimiento étnico. Por pura arrogancia el CSE desconoce el artículo 4 de la Ley Electoral que lo faculta a posponer las votaciones en algunos lugares, por razones de fuerza mayor y causa fortuita, que es lo que pidió Yatama para poder participar en las elecciones y con lo cual la tranquilidad retornaría a las regiones del Caribe.
Pero en el resto de Nicaragua, los hechos violentos han sido mínimos, la población ha dado muestras de un gran civismo y hay una declarada intención de la vasta mayoría de los ciudadanos de ejercer el sagrado derecho al voto, en estas elecciones municipales que por primera vez se hacen separadamente de las presidenciales. Esto último promueve un fuerte sentido de responsabilidad de los ciudadanos respecto a su municipio, ya que los comicios se concentran de manera exclusiva en la unidad municipal y no se distraen con la estridencia abrumadora de una elección presidencial. Eso permite que los habitantes puedan poner toda su atención en la selección del mejor alcalde para su municipio.
El ejercicio del voto es a la vez un derecho y una gran responsabilidad. De él depende que a la jefatura de cada municipalidad lleguen las personas más idóneas, que tengan voluntad y capacidad de servir. Por esa razón, los votantes deben abrir bien los ojos y usar de manera consciente y responsable su derecho al voto. El votante debe tener la capacidad de discernir si todo lo que le han ofrecido es posible de realizar o si son simples promesas electoreras para conseguir votos. A veces resulta difícil distinguir bien entre lo uno y lo otro.
Pero existe un criterio para hacer la mejor elección: examinar la trayectoria política y la honestidad del candidato o candidata. En las alcaldías se maneja directamente el dinero de los contribuyentes. En consecuencia hay que preguntarse: ¿Cuál de los candidatos es el que ha demostrado a través de su vida ser más honesto? ¿Es su fortuna —en caso de tenerla— bien habida o producto del robo o abuso de poder? Además, ¿cuál ha sido la actitud de cada candidato respecto a los derechos humanos, las libertades públicas, las garantías individuales y los valores individuales y sociales? Si se aplica este criterio de reflexión antes de depositar el voto, se puede hacer la elección más correcta.
Cuando los ciudadanos se deciden a usar su voto con responsabilidad, inteligencia y firmeza democrática, no hay trampas, ni pacto, ni nada que sea capaz de impedirles que demuestren y que hagan respetar su soberana voluntad. Así lo ha demostrado antes el pueblo nicaragüense y así lo ha confirmado también, recientemente, el pueblo de Perú.
El voto es un noble acto de conciencia que tiene el poder de elevar a una persona —buena o mala— a una posición de autoridad. Por eso el ciudadano debe ejercerlo con inteligencia y responsabilidad.