Cinco días nos separan de la fecha histórica escogida por el Consejo Supremo Electoral para que los nicaragüenses todos al amparo de la Bandera Azul y Blanco de la Patria concurramos con disciplina ciudadana a nuestras respectivas Juntas Receptoras de Votos a elegir a los Alcaldes, Vicealcaldes y Concejales.
Al momento de votar en el recinto privado acogiéndonos a los dictados de la conciencia hemos de considerar que mediante la aplicación del sufragio estaremos eligiendo a los mejores hombres y mujeres que habrán con atinado juicio de dirigir en enero del 2001 los destinos municipales del país.
Llegaremos a ejercer ese derecho ciudadano limpios de odios, porque el odio enfermizo indispone la voluntad, y anula al hombre como persona. Pensemos que frente a la historia tenemos una gran responsabilidad, y que esa misma responsabilidad no la podemos evadir absteniéndonos de votar porque la abstención dentro de los conceptos políticos es el peor error que un elector puede cometer.
¿Qué “beneficios” ha sacado el nicaragüense practicando la abstención electoral? Ninguno. Lo que ha hecho con su equivocada postura es aumentarle a la República los males que padece inhibiéndola de poseer mejores niveles en los diferentes órdenes de su existencia. El voto es un medio de civilización; una manera idónea de levantar sobre bases firmes el futuro de la Nación, de esta Patria que bendecida por sus dos océanos demanda de nosotros la obligación de procurarle a Nicaragua lo mejor que podamos darle.
Antes de ejercer el derecho al voto, no pensemos que todo está “amarrado” por la verificación de los pactos, y que en conclusión no vale la pena votar. Reflexionemos y pensemos que aún en las peores dificultades surge la esperanza como sinónimo de fe y que la fe siempre nos lleva a encontrar caminos despejados; rutas acertadas donde el nicaragüense encuentra una motivación para salir adelante y hacer a un lado los escollos que impidan su marcha hacia un objetivo común.
Tenemos que ver las cosas desde otra óptica usando puntos de vista desapasionados que reflejan la madurez del caso para no caer en los extremos de la equivocación y prestarse con ello a la crítica insensata de los que nunca han hecho nada, porque siempre han sido y siguen siendo negativos porque les asiste potencialmente una mentalidad negativa.
Hugo Ramón García
Somoto.