Política y neurosis

Násere Habed López

La política es el arte de conquistar el poder y perpetuarse en él, a cómo sea. El político por definición, para adueñarse del poder utiliza todas las herramientas a su alcance, por deshonestas que sean: calumnia, intriga, soborno, toda artimaña es válida. El fin, el poder, justifica los medios.

La política –expresaba Maquiavelo–, es el espacio donde se manifiestan las peores pasiones del hombre. “La lucha por el poder es un camino donde sólo salen triunfadores los individuos que están dominados por la perfidia, característica que aparece dominante en el hombre político”.

Vargas Llosa, candidato a la Presidencia del Perú, resume así su experiencia: “la política real, no aquélla que se lee, se escribe, se piensa y se imagina, sino la que se vive y practica día a día, tiene poco que ver con la sociedad ideal que quisiéramos construir y, para decir con crudeza, con la generosidad, la solidaridad y el idealismo. Está hecha casi exclusivamente de maniobras, intrigas, conspiraciones, pactos, paranoias, traiciones, mucho cálculo, no poco cinismo y toda clase de malabares. Porque el político profesional, sea de centro, de izquierda o de derecha, lo que en verdad lo moviliza, excita y mantiene en actividad es el poder: llegar a él, quedarse en él o volver a ocuparlo cuanto antes. Quien no es capaz de sentir esa atracción obsesiva, casi física por el poder, difícilmente llegará a ser un político exitoso” (Vargas Llosa, Mario, El Pez en el Agua).

La naturaleza misma de la profesión política, daña la salud mental de quien se entrega a ella. A la par de vivir continuamente un conflicto moral intenso y las angustias propias del vaivén político, de éxitos y fracasos, el político debe adoptar una personalidad ficticia, diferente de la propia, buscando producir el mayor efecto social posible. Como todo buen actor, asume posturas, expresiones, y ademanes impactantes, ayudándose de una escenografía de poder que resulta alucinante para las masas.

Hitler, igual que muchos políticos, dedicaba mucho tiempo y esfuerzo a planear cómo manipular a las masas. Estudiaba actuación y con gran detalle preparaba sus apariciones en público, verificando la calidad de luz y sonido en sus mítines políticos, cuidando gestos y expresiones. Para él era muy claro que el dominio político se ejercía en medio de una escenografía que, por su impacto inconsciente, provocaba su legitimidad. Hablar de noche, con antorchas y estandartes rojos, fueron recetas que desde su libro Mi Lucha, recomendaba para tener mayor penetración en una masa.

Hitler, igual que Napoleón, era admirador de Maquiavelo. El libro El Príncipe llegó a ser su libro de cabecera y según él, hasta que lo comprendió, entendió de verdad lo que era la política.

El poder es desmesuradamente seductor por las recompensas que ofrece: dominar sobre la voluntad de los demás, gloria, trascender frente a la finitud de la vida, afirmar el yo individual y, también, un camino que facilita el logro de grandes éxitos económicos y riquezas, factor este último, de la más alta valoración en el mundo mercantilista de hoy.

El ansia de poder puede ser tan intensa y absorbente que oscurezca a las demás motivaciones y conforme un cuadro psiconeurótico donde descubrimos cinismo, agresividad, afán de figuración, delirios de grandeza y complejo mesiánico, de ser el elegido; a la para que desconfianza, susceptibilidad y delirios persecutorios, los cuales son una consecuencia de los sentimientos de culpa del político y de la proyección de su propia vida mental, que lo lleva a ver en los demás, lo mismo que él hace o quisiera hacer a los otros.

“La compulsión de las personas que dirigen su actuar al logro del poder, puede llegar en ocasiones, a ser tan apremiante que se convierta en algo más fuerte que el instinto sexual y en donde se pueden desarrollar fuertes rasgos esquizofrénicos, principalmente en las personas de muy baja autoestima. Estas personas encuentran en la adquisición del poder una gratificación a su narcisismo, como un medio para compensarse” (Sánchez Azcona, Jorge, Etica y Poder).

La neurosis es el precio del poder, paga elevada de la que difícilmente puede escapar un político de profesión.

* El autor es psicólogo.  

Editorial
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