- Los ministros no tienen por qué sentirse insultados. Ellos saben que el doctor Alemán es muy metafórico, y que además le gusta “jincar la yegua”
León Núñez
Esta teoría fue formulada por primera vez por el Presidente de la República, y la formuló al referirse a los ministros, los cuales, según él, desde el momento que se les quita el cargo, es decir, desde el momento que se les quita la mazorca de la boca, empiezan a “cuillar” como los chanchos.
Al contrario de las personas que criticaron al doctor Alemán por la comparación de los ministros con los chanchos, los propios ministros celebraron lo dicho por don Arnoldo y reconocieron que se trataba de una teoría genial. Los críticos del Presidente de la República interpretaron literalmente lo dicho por éste, mientras que los ministros hicieron una interpretación teleológica. Estos entendieron no solamente que se trataba de una metáfora sino que captaron bien la finalidad de la misma.
Por consiguiente, la teoría de don Arnoldo no debe ser interpretada en el sentido de que los ministros sean una manada de chanchos. La referencia a estos animales tiene un sentido metafórico, sentido que en la teoría política de la mazorca se explica por las vivencias agropecuarias del doctor Alemán.
Es comprensible que el medio influya en el lenguaje. Yo recuerdo que en Acoyapa, hace muchos años, cuando la gente cocinaba con manteca de chancho, los cerdos no se compraban por las libras o los kilos que podrían pesar -no existían básculas para pesarlos- sino por las latas de manteca que tenían. Las discrepancias entre compradores y vendedores, en cuanto al precio, estaban relacionadas con los diferentes cálculos que cada uno hacía de la cantidad de manteca que el chancho podría dar al ser destazado. La lata de manteca era una “unidad de peso” que se aplicaba, y a veces todavía se aplica, a las personas.
Hace algunos días visité en Acoyapa a un señor de ochenta y un años, amigo mío, y al verme muy voluminoso, me dijo que yo era como “un chancho de gordo”, que bien podría dar tres latas de manteca. ¿Cuántas latas le calculás a León?, le preguntó a su mujer. Ella me calculó más; me calculó cuatro latas.
Yo nunca voy a pensar que mi amigo me quiso decir que yo era un chancho, así como tampoco debo pensar que don Arnoldo haya tratado de chanchos a sus ministros. Se trata de un lenguaje metafórico, influido por el medio, que utiliza nombres de animales y alguna que otra referencia a su entorno para darse a entender. Por esta razón, es comprensible que los que viven en contacto con animales casi nunca digan “cuello” sino “pescuezo”, casi nunca digan “pie” sino “pata”, casi nunca digan “boca” sino “trompa” o “jeta”.
Aún más, los que viven en ambientes de fincas de ganado cuando ven a una muchacha alta, joven y guapa dicen que es una buena potranca; si la muchacha es bajita, muy joven y bonita dicen que es una linda potranquita, cuando no quieren meterse en nada dicen que están “viendo los toros de largo”, cuando aceptan algo dicen “por mi lado no hay portillo”, si les interesa oír algo “paran la oreja”, y para referirse a alguien que sólo vive diciendo “caballadas” dicen “que no basta ser hijo de yegua para nacer caballo”.
Los ministros tienen razón. No tienen por qué sentirse insultados. Ellos saben que el doctor Alemán es muy metafórico, y que además le gusta “jincar la yegua”, aunque un ministro tuvo que reconocerme, “muy en privado”, que al doctor Alemán, con su conocido lenguaje, le pasa lo que dice el refrán chontaleño del “buey huertero”, que a donde va “si no la caga a la entrada la caga a la salida”.
Tal como puede apreciar el señor lector la referencia al chancho que hizo el doctor Alemán, así como la referencia al buey huertero que se hace en este artículo no debe interpretarse en forma gramatical. Los críticos del Presidente no tienen razón. Toda interpretación literal, resultaría manifiestamente desafortunada.
* El autor es abogado y escritor.