Es la primera vez que escribo a un periódico, siento la necesidad de compartir este sentimiento y les agradeceré que lo publiquen.
El fin de semana pasado tuve una de mis niñas enferma, decidí ir al Hospital La Mascota donde fui bien atendida por médicos de turno, al menos dos de ellos me expresaron que tenían turnos de 36 horas, pero aún así fui bien atendida.
Mi niña fue hospitalizada después de su diagnóstico y me tocó que vivir dos días en el hospital.
En la Sala de Observación del Hospital conversé con otras madres compañeras del dolor y esperanza de que nuestros hijos se recuperaran y me di cuenta de una cruel realidad; una de ellas, María, tiene 32 años, está embarazada y tiene a su pequeño niño Javier, de dos años y medio, en observación, no ha podido defecar en varios días.
Además él tiene un alto grado de desnutrición. El niño llora pero su madre no tiene nada que darle, aún ella no tiene nada que llevarse a la boca. Me di cuenta que tiene 8 hijos y el que espera es el número 9, ella es de origen campesino, vive en una comunidad lejana a Managua.
Otra compañera, Martha, viene de Río Coco, tiene un niño internado desde hace una semana y también está embarazada. Ella está durmiendo a la intemperie, su niño está en cuidados intensivos.
Al igual que María, en su cara se refleja la tristeza, se ve golpeada por el desvelo, mal alimentada y con pocos centavos.
También puedo mencionar la historia de Cecilia, de 17 años, ella viene desde una comunidad adelante de Mozonte me comentó que para llegar a su casa camina 3 horas después de bajarse del bus, su niño de 22 días de nacido tiene una infección generalizada y neumonía, pesa 5 libras y 4 onzas.
Para subsistir su familia vende leña y siembran frijoles y maíz, al igual que Martha duerme a la intemperie, comen lo poco que han podido traer en un costalito.
Pudiera seguir y relatarles diferentes historias todas de mujeres, hermanas y madres de esta tierra. Medité cada caso y me vino a la mente escribir con el propósito de hacer conciencia y encontrar manos generosas, sobre todo tú, mujer, vos, madre, decídete a buscar entre tus cosas algo que compartir: pañales, pachas, alimentos, Gerber, galletas, un vestido, una toalla, un papel higiénico, un plato de comida o un vaso de refresco.
Toma un poco de tu valioso tiempo y ven al hospital una vez por semana, una vez cada 15 días, una vez al mes, pregunta por el médico de turno y pregúntales por una María o por una Cecilia, siempre habrá una que venga de lejos y necesite algo.
Entrégaselo personalmente, ella con su cara curtida por el sol y la tierra y con sus ojos llenos de lágrimas te lo agradecerá. Con esto no aliviaremos la pobreza pero mitigaremos un poco su tristeza.
Beatriz Hernández
Américas No.2 C 17.