Palabras al viento

La Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia de la República dio a conocer un Manual de Comunicación de Gobierno, basado en textos de expertos norteamericanos y elaborado por el Director General de dicha Secretaría, el periodista Juan Navarro, y un asesor de Prensa del Banco Central llamado Guillermo Selva. Se trata de una excelente iniciativa, sin duda, dado que las comunicaciones públicas del gobierno, pero particularmente las relaciones del Presidente Arnoldo Alemán con la prensa independiente, son deplorables, por decir lo menos.

Sin embargo, mientras la Secretaría de la Comunicación Social de la Presidencia de la República divulgaba el mencionado manual, en el que se escriben bellezas sobre cómo deben ser la comunicación gubernamental y las relaciones del gobernante con los medios y con los periodistas, el Presidente Alemán y sus guardias de seguridad agredían consecutivamente a tres periodistas de LA PRENSA (Jorge Loáisiga, Carole Thimpson y William Briones), cuando éstos trataban de obtener declaraciones del titular del Ejecutivo sobre temas de interés público.

En realidad, la publicación del Manual es un magnífico esfuerzo para tratar de llenar el vacío que hay en las comunicaciones del actual gobierno, y personalmente del Presidente Arnoldo Alemán, con los medios de prensa y la opinión pública en general. Pero es un esfuerzo infructuoso, a juzgar por lo que el Presidente Arnoldo Alemán continúa haciendo y diciendo públicamente, sobre todo en los últimos días en que ha andado en un vertiginoso cierre de campaña política partidista a favor de los candidatos del PLC para las elecciones municipales del próximo domingo 5 de noviembre. En efecto, es obvio que el Presidente Alemán es quien más ignora o menos toma en consideración las recomendaciones del Manual de Comunicación, a pesar que es el funcionario que más las necesita.

“Ante todo, nunca se le ha de mentir a los medios. Aunque es importante reconocer que las preguntas de carácter muy delicado no se tienen que responder completamente”, se dice en la página 11 del Manual de Comunicación de Gobierno. Pero esa prudente recomendación al parecer no va con el Presidente Alemán, quien el viernes de la semana pasada tuvo que ser desmentido públicamente por Víctor Borge -el encargado de hacer las encuestas para el partido gubernamental-, después que el mandatario nicaragüense afirmó en una radioemisora oficialista que la última encuesta de la firma encuestadora Borge y Asociados había colocado al candidato oficialista a la Alcaldía de Managua, Wilfredo Navarro, en el primer lugar de las intenciones de voto. Lo cual era mentira, por supuesto, según el desmentido del encuestador Borge, quien aclaró que lo único que hizo, a solicitud del PLC, fue dar “algunas orientaciones para la elaboración de un cuestionario de la encuesta que ellos realizaron en Managua”.

En otra parte del Manual de Comunicación de Gobierno (página 19), se dice que hay que “informar al público en general sobre la gestión gubernamental con credibilidad y transparencia, promover una imagen positiva del Presidente de la República y su Gabinete, enfatizando los logros de su Administración”. Pero lo que se ha hecho no es informar con credibilidad sino reincidir en la confusión Estado-partido PLC y montar -con financiamiento público, o sea con dinero de todos los nicaragüenses-, un millonario espectáculo propagandístico gubernamental para cerrar la campaña electoral del PLC, como es evidentemente la llamada “Feria de Obras” del Gobierno.

“El presidente no necesariamente tiene que ser un tipo agrio cuando le compromete un periodista con una pregunta fuera de control”, se dice en la página 32 del Manual de Comunicación del Gobierno, citando a Ray Sullivan, director de comunicaciones de la oficina de prensa del gobernador de Texas y candidato presidencial de Estados Unidos de Norteaméria, George Bush. Pero ese consejo será bueno para el estadista norteamericano. Aquí estamos en Nicaragua y esas son palabras que se las lleva el viento.

Tal vez si las presentaciones del Presidente ante la prensa fueran organizadas, se podría evitar que el mandatario siga perdiendo los estribos con los periodistas independientes y atentando contra el derecho a la libertad de información. Al menos habría que intentarlo.  

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