Sin control

Edgard Rodríguez C. [email protected] Dice Paolo Coelho, que no se debe pretender ser valiente, cuando ser inteligente es suficiente… Algunos de nuestros peloteros no lo han entendido. Nadie está a salvo de los exabruptos. Todos alguna vez hemos reaccionado en forma violenta, sólo para luego comprender que es mejor perder un “duelo verbal”, que ir […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Dice Paolo Coelho, que no se debe pretender ser valiente, cuando ser inteligente es suficiente… Algunos de nuestros peloteros no lo han entendido.

Nadie está a salvo de los exabruptos. Todos alguna vez hemos reaccionado en forma violenta, sólo para luego comprender que es mejor perder un “duelo verbal”, que ir a extremos en los cuales nuestro futuro, que es la vida misma, ha sido puesto en riesgo.

Las imágenes más recientes llegan desde Chinandega y con un par de muchachos que han luchado a brazo partido por escapar de las limitaciones y saltar hacia niveles de mayor trascendencia, mientras capturan nuestra admiración.

Omar Varela está detenido por protagonizar un incidente grave y Oswaldo Mairena ha sido colocado bajo una lluvia de críticas por supuestos cambios que ha experimentado en su comportamiento. Ha perdido un enorme espacio en la consideración popular.

Lo de Varela es más complicado por cuanto colocó en peligro la vida de un ciudadano que sólo pretendió persuadirlo a deponer su violenta actitud, estimulada por el alcohol, algo que opacó su habitual sencillez y dio paso a una actitud casi homicida.

Después de verlo atravesar problemas con su brazo y de haber superado dos dificultades similares a la actual en el pasado, Varela pareció distinto y convencido de la necesidad de aplicar una transformación total a su forma de ser.

Llegué a considerar que se trataba del nica profesional que mayor nivel de madurez había conseguido. Eso, más la recuperación de su brazo, sometido a una cirugía, dio la impresión de haberlo colocado en línea directa hacia su verdadero ascenso en el juego.

No obstante ha tropezado y las consecuencias de esta nueva dificultad son impredecibles. No se sabe qué repercusiones podría tener en su organización, incluso en lo que respecta a su libertad.

Lo de Mairena es menos grave, pero no por ello menos perjudicial para su estabilidad y para su relación con el público que lo vio crecer. Por poco es linchado.

A Oswaldo se le acusa de pretender humillar a los demás, mientras asume actitudes que provocan el rechazo de quienes antes lo aplaudían. El jugador debe ser firme en lo que respecta a la confianza en sí mismo y fe en sus cualidades.

Pero las relaciones con el público y los compañeros de liga, deben estar basadas en el respeto y en este momento, Mairena lo ha roto.  

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