Rosendo y Garibaldi. La amistad no muere

Edgard Tijerino M. [email protected] Amistad divino tesoro, te podes ir súbitamente, pero siempre estará abierta la posibilidad de volver… Esa es, sin duda alguna, una inmensa ventaja sobre la juventud “graficada” por la poesía de Rubén, que cuando se va, no puede volver. Lo sabe ahora Rosendo Alvarez, y también Rigoberto Garibaldi… Y es que, […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Amistad divino tesoro, te podes ir súbitamente, pero siempre estará abierta la posibilidad de volver… Esa es, sin duda alguna, una inmensa ventaja sobre la juventud “graficada” por la poesía de Rubén, que cuando se va, no puede volver.

Lo sabe ahora Rosendo Alvarez, y también Rigoberto Garibaldi… Y es que, más allá del ambiente distorsionado en el que vivimos, es estrictamente de nosotros, del esfuerzo de las dos partes, que depende que la amistad no envejezca, y por supuesto, que no muera.

Cuando se produjo el quiebre entre Rosendo y Garibaldi, lo lamentamos profundamente, y fue bueno que ninguno de nosotros quisiera escarbar más, utilizando el bisturí de la crítica “químicamente pura”, analizando los factores que retorcieron la relación… Eso, como siempre ocurre, hubiera fragmentado más la contradicción del momento.

Aún con Garibaldi a la orilla, Rosendo se estaba convirtiendo en un fantasma de su pasado reciente… Pero, cuando el panameño salió del entorno del ex campeón, la situación se agudizó más. Pese a tener más gente a su alrededor, Rosendo se veía atrapado por el laberinto de la soledad, como diría Octavio Paz.

Pude comprobarlo en Las Vegas antes del combate con el “Beibis” Mendoza… El púgil nunca estuvo verdaderamente enfocado emocionalmente, y se lo hice ver a su esposa Anita, justamente el día antes del combate en una larga conversación en el Hotel Maxim… “Sinceramente, eso me preocupa mucho”, le dije, y ella me explicó como estaban co-existiendo con algunas dificultades.

Aquella confianza que existió siempre con Garibaldi, ya no estaba en el campamento de Rosendo… La camaradería en la concentración, las bromas oportunas, los constantes cambios de impresiones, la amistad cultivada prevaleciendo encima de las órdenes, de los llamados de atención.

A su nivel de competencia como adiestrador, algo que no admite discusión después de haber visto a Rosendo progresar hacia peleas memorables con los dos Porpaoin y la primera con Finito, Garibaldi había incorporado un elemento esencial, la amistad incondicional inyectada naturalmente con una preocupación por el futuro de Rosendo… El púgil, pasó a ser algo más que un pupilo.

Cierto, la tendencia del temible destructor pinolero hacia la indisciplina se convirtió en un serio inconveniente, pero la relación sobrevivía sobre la base construida por la amistad, como la de Alí con Budini Brown, Tyson con Cus D´Amato, o Monzón con Amílcar Brusa.

Cuando el “no más”, Rosendo se vio arrogante dentro de su irreflexión, pero el tiempo siempre abre espacio para rectificar, y lo clave es como diría Bacon, “crear la ocasión, no sentarse a esperar que llegue”… Entre dos amigos, ¿Qué importa quién de el primer paso hacia la reconciliación?

En este caso, hay algo más, y es la conveniencia… Digan lo que digan, Rosendo necesita de Garibaldi, y el panameño debe haber estado soñando con volver a manejar a un púgil con las condiciones físicas y e ímpetu demoledor de Rosendo, pero la base de la recuperación de la relación, es la amistad… Ahora, ellos lo han logrado con la decidida contribución del aporte de Anita… Era necesario y al mismo tiempo urgente.

Borrón y cuenta nueva… Claro que si tratándose de dos amigos… A trabajar se ha dicho, y volver a soñar, como antes de los Porpaoin, como cuando todo comenzó a florecer.  

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