- Aún existen millones de ciegos que siendo testigos de historias recientes de sistemas opresivos, totalitaristas, violadores de derechos humanos, se dejan seducir por encantadoras palabras pero que en el fondo piensan igual
Pbro. Silvio Fonseca Martínez
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”, muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”.
Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Animo! Levántate, porque El te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.
Palabra del Señor.
Lecturas Bíblicas: Jeremías 31, 7-9/Hebreos 5, 1-6/San Marcos 10, 46-52
El evangelista Marcos nos narra el episodio de un ciego en la salida de Jericó. Jericó es la puerta de entrada a la tierra prometida (Deut. 32, 49; 34, 1); es el lugar donde se resume la ley (Num. 36, 13) y se celebra por primera vez la Pascua en Palestina (Jos. 5, 10). En ese mismo lugar se instaurará la monarquía unos siglos más tarde. Ahí Jesús encuentra al ciego Bartimeo.
La situación de los ciegos se puede entender fácilmente a la luz de los textos bíblicos; veamos algunos: “no gritarás maldiciones al sordo, ni pondrás obstáculos al ciego, sino que temerás a tu Dios, yo soy Yahvé” (Lev. 19, 14). “Maldito el que desvía a un ciego en el camino” (Deut. 27, 18) “palpamos las paredes como ciegos y caminamos con miedo, como los que no ven” (Is. 59, 10). Los maestros de la ley reciben el título de guías de ciegos, pero Jesús lo cambia por el “guía de ciegos” (Mt. 15, 14).
De lo anterior se desprende la significación del pasaje; pues el episodio se da cuando Jesús se aproxima a Jerusalén, donde morirá para hacer brillar la luz sobre las tinieblas, donde ya no habrá más oscuridad y ceguera; por otra parte la universalidad de la salvación, pues ¿cómo es posible que un ciego que no pertenece a los discípulos de Jesús cree en El?, en cambio sus propios discípulos aún no entendían el mensaje permaneciendo así en una práctica ceguera mental y espiritual.
A partir del lenguaje teológico que encontramos hoy en el Evangelio, el ciego representa el grito de una humanidad ciega a la obra de Dios, pero que en el fondo le grita a Jesús “Ten compasión de mí”; una petición que nace antes de todo de la fe, que nos permite descubrir al Señor en nuestra vida.
Aplicando a nuestra historia el texto del Evangelio, me permito mencionar el momento importante que se aproxima para nuestro país, las elecciones municipales el próximo domingo; no hay duda que aún existen millones de ciegos que siendo testigos de historias recientes de sistemas opresivos, totalitaristas, violadores de derechos humanos; se dejan seducir por encantadoras palabras pero que en el fondo piensan igual, que solamente cambian de estrategias, pero no de principios; yo como católico debo antes de todo ver qué religión profesa el candidato, cuáles son sus principios morales en torno a la familia y cargos públicos que ha desempeñado, que no haya aprobado el aborto y otros planes familiares en contra de la voluntad de Dios; otro de los criterios es qué ideología encarna y si él o el partido ha respetado la Iglesia en tiempos pasados. Los obispos han mandado que el próximo tres de noviembre se haga ayuno y oración para estas elecciones.
¡Señor, como el ciego de Bartimeo, hoy te queremos decir; que podamos ver las interioridades de nuestros próximos candidatos a alcaldes, no permitas Señor que caigamos nuevamente en nuestros errores pasados, cuyas consecuencias todavía la estamos pagando. Envíanos tu Espíritu Santo con el don de discernimiento para que no tropecemos nuevamente. Perdona Señor nuestras pasiones politiqueras y te prometemos seguir construyendo nuestra Patria por el progreso material, moral y espiritual, Amén!