Gotas de sangre

El ciudadano Alfonso Sálomon, quien desde su hogar en Chichigalpa participa en casi todos los programas de línea abierta que se transmiten por emisoras de radio y televisión, expresó el miércoles de esta semana en Radio 580 que ningún político merece que se derrame por él ni una sola gota de sangre nicaragüense.

El señor Sálomon se refería así a los sucesos violentos entre partidarios de distintos candidatos, que ocurrieron la noche del miércoles pasado en Managua y en los que resultaron varios heridos, pero por fortuna ninguno de gravedad. Sobre eso mismo se pronunció también monseñor Eddy Montenegro, vicario de la Arquidiócesis de Managua de la Iglesia Católica, quien llamó a no dejar que la elección sea rodeada por la violencia. Por su parte el presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas Reyes, exhortó a los partidarios a “que vean las elecciones como una fiesta cívica y no peleen en las calles”; en tanto que el candidato conservador a alcalde de Managua, Wiliam Báez, invitó a los otros tres candidatos contendientes en la Capital a asumir un compromiso para excluir la violencia en lo que resta de la campaña electoral.

Afortunadamente, los actos de violencia que han ocurrido hasta ahora en la campaña electoral municipal son aislados, son excesos de algunos activistas fanatizados que ninguno de los partidos contendientes parece estar instigando, pero que deben ser controlados por los líderes políticos y los candidatos que encabezan las marchas y mítines callejeros, como lo reconoció William Báez.

En realidad, a menos que se produjera un fraude descarado, en el proceso electoral de Nicaragua no hay cabida para la violencia organizada. Esto a pesar de que, dados los antecedentes históricos, algunas personas sostienen que la tesis clásica del general prusiano Karl von Clausewitz (1780-1831) -de que la guerra es la continuación de la política por otros medios- se debe aplicar en Nicaragua al revés, o sea que aquí la política es la continuación de la guerra por otros medios. Como sea, lo cierto es que las fuerzas políticas, los poderes públicos y las autoridades morales y cívicas de la nación, deben unificar sus esfuerzos para disuadir y erradicar cualquier germen de violencia política, comenzando las autoridades del CSE, que deben garantizar que los comicios del próximo 5 de noviembre sean ejemplarmente justos, libres y limpios.

Como bien lo dijo el señor Alfonso Sálomon y vale la pena repetirlo, no hay ninguna persona ni causa política que merezca el derramamiento de ni una sola gota de sangre nicaragüense, dicho esto con todo el respeto que se merecen los políticos en general y en particular los que están participando como candidatos a alcaldes y concejales en todos los municipios de la República; quienes, en honor a la verdad, no han incitado a la violencia a pesar de que algunos de ellos se han excedido en el uso del lenguaje confrontativo y la descalificación personal, para polarizar la elección.

Por nuestra parte, los medios de prensa también debemos contribuir al fortalecimiento del carácter pacífico y cívico de la contienda electoral y a disuadir cualquier intento de quien sea a recurrir al uso de la fuerza bruta y la violencia.

Pero eso no significa que los medios de comunicación tengan que repetir las promesas de los candidatos y los líderes políticos en general. La función de la prensa en una campaña electoral —de la prensa independiente, por supuesto—, consiste ante todo en informar de manera independiente, imparcial y objetiva, para que los ciudadanos formen su pensamiento político antes de practicar su deber cívico de votar y de ejercer su derecho de elegir. Y en la información de los medios de prensa independientes se debe incluir, sin falta, tanto el diagnóstico de los programas y promesas de los partidos y los candidatos como también sus trayectorias políticas y sus antecedentes personales.

Los medios de comunicación que se parcializan con los partidos y los candidatos, pierden la credibilidad, que es lo más valioso que poseen los medios de prensa, tan valiosa como es la sangre para los seres humanos.  

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