Padre Benjamín Villarreal.

Párroco de Posoltega: “Algunos se repartieron ayuda con cuchara grande”

Nicaragua conoció con el Mitch la extraña figura del Padre Benjamín Villarreal, párroco de Posoltega. Por un lado, pelo largo, vestimenta estilo hippie, corriendo en su moto a grandes velocidades por la carretera, y por otro, ayudando en el momento de desastre, organizando y reclamando por los “sobrevivientes”. Fabián Medina [email protected] El Padre Benjamín Villarreal […]

  • Nicaragua conoció con el Mitch la extraña figura del Padre Benjamín Villarreal, párroco de Posoltega. Por un lado, pelo largo, vestimenta estilo hippie, corriendo en su moto a grandes velocidades por la carretera, y por otro, ayudando en el momento de desastre, organizando y reclamando por los “sobrevivientes”.

Fabián Medina [email protected]

El Padre Benjamín Villarreal considera que Posoltega recibió apenas una “ínfima” cantidad de la ayuda que llegó para el pueblo, después que el mundo conoció la tragedia que vivió el 30 de octubre de 1998, cuando una avalancha de lodo, piedras y troncos de árboles que bajó del volcán Casita sepultó dos de sus comunidades.

Villarreal, un cura que practica boxeo, corre en su moto y viste como hippie de los 70, es una de las figuras que se hizo nacionalmente conocida, por su protagonismo en el socorro y ayuda a las víctimas del Mitch.

En esta entrevista hablamos de Posoltega dos años después de la tragedia y de la extraña figura que al principio algunos pobladores se negaban a aceptar, y que, como el mismo cuenta, hubo ocasiones que tuvo que enfrentarse a puñetazos con alguien que le quiso irrespetar.

— Dos años después de la tragedia, a su criterio, ¿mejoró Posoltega?

“Hasta cierto punto sí, han mejorado las condiciones de la gente. Sobre todo porque tienen sus casas, que las han donado ciertos organismos. Unas de mejores condiciones que las otras. Para mí es una alegría eso. No sólo aquella gente, porque fuimos afectados todos. Con la cantidad de ayuda que vino había para que cada posoltegano, cada cabeza de familia, tuviera una casa digna, y aquí hay mucha gente que vive en una condición paupérrima. Son unos cuchitriles”.

— Sin embargo, ahora hay mejores viviendas que las que había antes del Mitch.

“Es relativo, en cuanto estamos hablando de la gente que vivía en las faldas de volcán. Porque esa gente vivía en unos ranchos, en algunos casos de madera y partes de ladrillos. Ahora están en mejor terreno, y tienen una sola forma de construcción. Sí, se les ha mejorado, pero a los campesinos que sufrieron directamente eso. Pero para las otras personas que han vivido eternamente pobres, pero que no sufrieron daño, no ha mejorado”.

— ¿Se ha calculado cuánta ayuda ha entrado a Posoltega?

“Respecto a la ayuda internacional, pues es una entrada nimia, poquísima. Aquí creo que se repartieron bonito con cuchara grande. Porque si a Posoltega ha llegado lo que vino para ella estuviera mejor que cualquier ciudad de Nicaragua”.

“Hay que ser realista. Honduras y Nicaragua fueron afectadas por el huracán. ¿Quién puso el boom? ¿De dónde salió la voz de alerta a nivel mundial? ¿Salió de Honduras? ¿Salió del norte de Nicaragua o salió de Posoltega? El boom salió de Posoltega. Nosotros pusimos, por así decirlo cruelmente, lo que realmente estremece el corazón de las personas y fueron tantos muertos y tanta desgracia. Por eso fue que el mundo se volcó sobre Nicaragua. Si realmente se le ha dado a Posoltega, no lo que se merecía porque nunca se paga el dolor de una persona, Posoltega estuviera mucho mejor”.

— ¿Según usted dónde quedó eso?

“Prefiero no hacer especulaciones, pero te aseguro que a Posoltega no vino”.

— ¿Sicológicamente el posoltegano cambió o es el mismo de hace dos años?

“El posoltegano, al igual que todos los nicaragüenses, son lo mismo. Un nicaragüense va con el agua a la rodilla o a la cintura y cargando su motete en la cabeza y se va riendo de su misma desgracia. No creo que haya cambiado mucho. Algunas personas sí se han organizado para trabajar por su propias casas, pero hay otras que están con el bate de aluminio buscando cómo darle en la nuca al otro”.

“Hay algunos, tal vez por falta de cuidado de quienes están donando, que tienen una, dos y hasta tres casas. El problema es que no sólo se vive estando bajo el techo, sino de lo que se pueda agarrar para las otras cosas. Los chavalos siempre están aspirando a sus cositas y las muchachas están aspirando a eso, pero como no tienen porque no hay fuentes de trabajo ahí está el problema”.

“Hay muchachos que se han dedicado a la delincuencia y hay un montón de muchachas que son de los asentamientos y que andan prostituyéndose por las calles de Chinandega hasta la frontera. Ese es un peligro que tenemos que verlo”.

— ¿Cómo sabe usted que esto está sucediendo?

“Porque yo lo he visto. Sé de casos. Muchachas que antes no lo hacían. Simplemente no tienen de qué vivir, entonces tienen que buscar porque aquí no hay fuentes de ingreso, no hay forma de que las personas trabajen. Las personas que quieren trabajar no encuentran trabajo. Ahorita unos muchachos están adoquinando la última calle, y están trabajando con alegría porque no tenían trabajo”.

— ¿Qué va a pasar cuando acaben las construcciones?

“He allí la interrogante, cuando cesen las construcciones y cuando cesen las obras, qué va a hacer esta gente, si no tenemos otra entrada, es un pueblo extremadamente pobre”.

— ¿Usted no está satisfecho con la respuesta que ha recibido Posoltega?

“No, en lo absoluto, no estoy satisfecho”.

— ¿A pesar que a nivel global la ayuda per cápita que entró a Posoltega…?

“Per cápita, y per desgracia. Porque ningún pueblo sufrió tanta desgracia como Posoltega. Algunos me tratarán de extremadamente radical, pero yo soy realista. Yo anduve en el momento crucial, yo vi el dolor de la gente, ese dolor no lo pueden comprar ni con un edificio de tres pisos para todas esas personas que perdieron a toda su familia. Y en cambio otros que no sufrieron nada y vinieron, tomaron notas, se tomaron esto, tomaron lo otro, mandaron avisos, se fueron para sus casas, nosotros seguimos viviendo aquí en el pueblo, sabemos la desgracia que hay en el pueblo”.

“Yo veo la urgencia que se establezca una clínica en Posoltega, porque hay mucha gente que anda matando gente a machetazos. Es el mundo que estamos viviendo. Ninguno de esos pueblos escapa a la desgracia del Casita. ¿A qué se debe eso? ¿A que tenemos un corazón malo? ¿No será que tenemos la mente mala?”.

“No hemos podido superar eso. Porque como vimos tanto muerto y tanta desgracia, un muerto más qué es para dos mil y pico. Si mi familia se fue, que sos vos para mi familia, entonces te mato. Realmente esto pasa en todos lados, pero es que éstos han sido pueblos calmos. Después del horror como que se ha perdido el sentido de respeto a la vida, la mía y la de los otros. Necesitamos una atención donde las personas tengan tratamiento consecutivo”.

El cura del pelo largo

— ¿Que significó la tragedia del Casita para usted en términos personales?

“Significa que Dios nos ocupa cuando quiere y donde quiere para algo. Yo puedo ayudar a la gente porque Dios me movió desde Rivas para que yo estuviera en ese momento aquí”.

— Recuerdo que para el tiempo del Mitch algunos no lo aceptaban porque lo miraban extraño en el pueblo, ¿la gente de Posoltega se familiarizó con su figura?

“Pues, hombre sí. Gracias a Dios sí me aceptaron. Me aceptaron con mis defectos y mis virtudes, si es que tengo virtudes. No tengo problemas con eso. Tal vez no soy tan normal respecto a otros sacerdotes que simplemente se encierran, celebran el culto y hola, buenos días, y no se relacionan así, chileando, riéndose”.

— Pero es que usted no sólo es distinto a los curas tradicionales en su comportamiento, sino también en su forma de vestir que más parece un hippie de los 70 que un sacerdote.

“Ujú. Hasta la moña la aceptan (se toca el pelo largo recogido en una moña), me ponga moña o trenza, el padre es el padre”.

— ¿Con su superior, Monseñor Bosco Vivas no ha tenido problema?

“No, en absoluto es un hombre muy respetuoso”.

— Pero él es de los más duros de los obispos.

“Así es. Pero eso no le quita las virtudes que tiene. Para mí es un hombre muy virtuoso. Es generoso, bien humilde y comprensivo. No anda atacando a los sacerdotes de una forma grosera, y en lo que respecta a mí nunca me ha dicho nada. Más bien otros curas sí me han dejado ir sus chinitas”.

— ¿Por ejemplo?

“Pues, cuando me voy a tomar una foto para identificación me dice: por qué no te cortás el pelo para que salgás como cura. Yo me río, me tomaré la foto, me pondré el cuello como cura, pero el pelo lo dejaré”.

— Recuerdo también que los muchachos del pueblo lo retaban a los golpes. ¿Eso sigue sucediendo?

“No, ya no. Ya no se atreven”.

— ¿Hubo algún pleito?

“Tuve que sacarle el aire a uno de ellos en una esquina, y a otro tuve que parármele enfrente, pues no era para menos. Empezaban a ofenderte, a molestarte, tenés que reaccionar de alguna manera para que te respeten. Si no te respetan por la sotana, pues por la tana y la macana. (Y golpea el puño contra su mano).

— ¿No es de los que pone la otra mejilla?

“Podría poner la otra mejilla pero el otro pueda que reciba su patadita en el plexo”.

— ¿Le han salido muchachas enamoradas?

“Pues fijate que son bien respetuosas. En ese aspecto he tenido más respeto de parte de ellas. Sí tengo relación con ellas, me hablan, chileamos, pera nada de, de… como que se quieren lanzar”.

— ¿Ha tenido problemas con alguna muchacha?

“No. Siempre hay sus habladurías, siempre habla la gente de una u otra cosa, pero prefiero que me digan que ando con muchachas a que soy mano de hierro, que me pesa la mano (homosexual)”.

— ¿Hay tentaciones?

“Normal como todo hombre”.

— ¿Y qué hace?

“Aaah, si no tenés una mística para contrarrestarla, estás chicle. Tenés que tener una fuerza de voluntad y la religión te puede ayudar. La oración es una fuerza”.

— ¿Ha tenido alguna crisis?

“Muchas, muchas, claro que sí”.

— ¿Antes más que ahora?

“Eso no pasa nunca. Acordate que somos seres sexuados, y eso no se quita hasta que vayamos a la tumba”.

— ¿Cuáles son los proyectos del Padre Villarreal?

“No podría darte la respuesta, porque la experiencia me ha llevado a la conclusión, que por más que uno piense y planifique las cosas nunca salen como uno las planea. Los caminos de Dios son sus caminos. El escribe recto en líneas torcidas. Uno lo que dice es si Dios quiere…”.

— ¿Y qué es lo que quisiera?

“Yo anhelo seguir ayudando a la gente, sobre todo los más pobres. No me interesan figuras”.

— ¿Ser obispo?

“No, no, en lo absoluto. Más bien ser obispo me cortaría agarrar una moto y ponerla a 160 ó 180 (kilómetros por hora). ¿Qué obispo anda en una moto así? ¿O anda con el pelo largo?”.  

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