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Estamos en la recta final de la campaña electoral municipal y antes de lamentarnos por una mala decisión que tendríamos que soportar por varios años, reflexionemos y apuntemos hacia lo correcto.
A partir del 5 de noviembre corresponde promover y desarrollar que se institucionalice y fortalezca el control ciudadano sobre la correcta administración pública. Es necesario exigir a las autoridades elegidas el respeto de los canales correspondientes a que tienen derecho los ciudadanos para expresar sus problemas, que le sean escuchados y resueltos como corresponde.
La transparencia y la honradez deben ser una sola bandera que los ciudadanos tienen que exigir a los gobernantes. Los cabildos municipales deben convertirse en escenarios democráticos donde los alcaldes y concejales rindan cuentas. Esto le corresponde a los electores, quienes así como se movilizan para hacer propaganda por sus candidatos, deben trabajar en función de exigir transparencia.
Todo esto al margen de los controles financieros que le corresponden a la Contraloría General de la República.
Hay que presionar por una mayor participación ciudadana organizada de acuerdo a sus propios intereses y no de los gobernantes ni de los políticos oportunistas. Deben prevalecer los intereses de la comunidad como el núcleo inmediato de la sociedad.
Y a propósito de elegir correctamente, un lector me escribió diciéndome que el Vicepresidente Enrique Bolaños es la opción para sacar adelante a Nicaragua. Yo creo que no. Bolaños al frente del Comité Nacional de Integridad ha hecho poco por frenar la vertiginosa corrupción estatal durante esta administración.
Otro joven dice que no propongo por quién votar. Le recuerdo que el voto es secreto y vaya usted y su conciencia después a valorar lo que hizo por usted, por su familia y la Patria. Si eligió bien, celébrelo, si no… creo que no me corresponde irresponsablemente inducir el voto.
Si por mí fuera, propondría a ocupar cargos a personas honradas, profesionales, serias, incapaces de robarse un lápiz de grafito que se haya comprado con fondos del Estado.
Pero con líderes políticos capaces de ocupar elementos de los aparatos represivos del Estado y toda la técnica de inteligencia militar para desbaratar a alguien, no cualquiera se anima a trabajar en función del desarrollo del país ni exponer su buen nombre ni a su familia.
Con políticos indeseables, con magistrados en los poderes Judicial y Electoral que más parecen cuidadores de los intereses políticos de sus partidos que impartidores de justicia, y con funcionarios serviles, la cosa se ve difícil.
Siempre he creído que alguien que llegue a un cargo público con una mentalidad de transparencia, con un concepto de desarrollo integral, que valore el profesionalismo de las personas, que produzca ideas y ejecute planes en beneficio social, que llegue con austeridad al Estado y aplique la ley a funcionarios corruptos, difícilmente estaría media hora en su cargo, cuando los amigos de lo ajeno vestidos de saco y corbata lo botarían.