Rolando Brenes Castro*
En los últimos meses se han incrementado los asaltos en nuestro país –8 a sucursales bancarias, 2 a cambistas y 1 a institución del Estado–, situación que nos preocupa a todos. Ninguno de estos se ha esclarecido, solo existen pistas y presunciones. Lo primero que se nos viene a la mente es qué está haciendo la Policía Nacional para prevenir y esclarecer estos asaltos… ¿por qué con tanta frecuencia?, ¿dónde han fallado los planes? Estas y otras interrogantes nos preguntamos día a día.
Los asaltantes han utilizado los mismos patrones en la ciudad de Managua y recientemente en Nindirí; es decir, los asaltos han sido muy bien planificados –generalmente efectuados en días jueves o viernes–, operatividad con márgenes de tiempo relativamente cortos, alta movilidad en vehículos robados y ejecutados en varias fases, conocimiento de los puntos vulnerables donde hay poca presencia policial y sumado a esto una experiencia militar evidente.
Por otro lado, la Seguridad Bancaria muestra una falta de selección, estudio y comprobación del personal de nuevo ingreso, así como del existente, falta de capacitación y entrenamiento, insuficiente conocimiento en el manejo de situaciones de riesgo, falta de sistematicidad, coordinación y control en los planes de vigilancia. En algunos casos las funciones de los vigilantes se ha limitado a abrir y cerrar puertas y no a las tres áreas de acción (exterior, información cercana al objetivo e interna) en las que deben de funcionar. No ha habido una capacidad de respuesta hasta este momento.
En tercer lugar, una Policía Nacional carente de equipos y medios, con limitaciones presupuestarias para actuar. Para enfrentar esta ola de asaltos y otros tipos de acciones, es necesario un frente común y recursos apropiados que pueden ser aportados por el Estado y la Empresa Privada, bajo un plan integral que incluya diversos actores, dentro de éstos: La Policía Nacional, los Bancos y Empresas de Seguridad, la Sociedad Civil, entre otros.
Para obtener resultados satisfactorios, este “Plan Operativo” debe de estar coordinado por la Policía Nacional a través de sus diversos órganos creados para combatir el delito, contemplando las fuerzas participantes, objetivos a cubrir, medios y equipos de transporte y comunicación, zonas de operación de cada unidad policial, políticas de comunicación hacia la población, puestos de dirección y control, cooperación con órganos y entidades afines.
Las fuerzas participantes –en el “Plan Operativo”– deben tener una visión clara de sus responsabilidades, para evitar el mínimo de error. Al frente de este plan designar personal experimentado con amplio dominio operativo, que estudie de los casos anteriores (análisis de los identikit, modos de operación, uso de armas, procedencia entre otros), que efectúe reinspecciones de los escenarios anteriores, que coordine con los hoteles, moteles, hospedajes, autolotes, alquileres de autos, cooperativas de taxis, agencias de seguridad, bancos, puestos de control migratorio, unidades del Ejército, etc., el movimiento sospecho de vehículos y personas. Según fuentes de la Policía Nacional, el 70% de los robos a vehículos se ejecutan en la ciudad de Managua. Es importante señalar que nuestra Policía opera bajo el principio de relación Policía-Comunidad, esto permite recibir en todo momento quejas, sugerencias, información de vehículos robados y movimientos sospechosos que han ayudado al esclarecimiento de delitos.
Asimismo, se debe continuar con la función policial “preventiva” y la “sucesiva”, es decir presencia policial en las distintas vías públicas, servicio de patrullas en sus diversas modalidades, reforzamiento de la vigilancia en los bancos y otros objetivos, así como los retenes.
La política de comunicación o relaciones públicas debe de ser más agresiva, con una constante y amplia difusión de los identikit de los sospechosos por los diversos medios escritos, radiales y televisivos, volantes en los semáforos y principales vías de comunicación, efectuar llamados a la población a que colabore, destinando una a dos líneas telefónicas con servicio las 24 horas del día. La experiencia de México ha demostrado que los asaltantes por lo general utilizan zonas residenciales o quintas como refugio, no hay que descartar que se puede ofrecer recompensa que permita dar con el paradero de los hechores.
Los Bancos y su Seguridad Bancaria deben reformular sus medidas operacionales, seleccionar adecuadamente a su personal, efectuar profilaxis al personal de nuevo ingreso, así como al existente, mejorar la capacitación (entrenamiento y reentrenamiento), instalación de dispositivos apropiados para la prevención de asaltos, mejorar la seguridad en la carga, descarga y transporte de valores, realizar control e inspección de las medidas de seguridad establecidas.
La Policía Nacional, la Sociedad Civil, la Seguridad Bancaria y Empresas de Seguridad deben cerrar filas para enfrentar conjuntamente a los grupos organizados –nuevas expresiones del delito. Esperamos que los resultados de esta unión sean a corto plazo.
* Consultor en seguridad y defensa