Durante el verano el Río Plata es muy visitado por los habitantes del pueblo y las comunidades cercanas.

Nueva Guinea: Otrora granero de Nicaragua, tiene un pujante comercio

En 1981 Nueva Guinea fue elevada a categoría de Municipio, poblada por más de 120 mil habitantes, “La Guinea” como se le conoce, cuenta con servicios de agua potable, luz eléctrica, hospedajes, restaurantes, dos filiales universitarias, varias radioemisoras y televisión por cable. Tras desviarse de la carretera a El Rama, un trecho de 52 kilómetros […]

  • En 1981 Nueva Guinea fue elevada a categoría de Municipio, poblada por más de 120 mil habitantes, “La Guinea” como se le conoce, cuenta con servicios de agua potable, luz eléctrica, hospedajes, restaurantes, dos filiales universitarias, varias radioemisoras y televisión por cable. Tras desviarse de la carretera a El Rama, un trecho de 52 kilómetros de carretera pavimentada nos conduce a este pueblo, donde se observa gran movimiento comercial y destaca por su lucha para institucionalizar el Departamento de Zelaya Central

Orlando Valenzuela/[email protected]

El primero de marzo de 1965, doce campesinos de Carazo y cinco de Somoto se encontraron en el Empalme de San Benito, lugar que era la puerta de entrada al en ese entonces casi virgen, Departamento de Zelaya, para iniciar la aventura de colonización más importante en la historia moderna de Nicaragua.

Estos 17 campesinos, entre ellos dos mujeres, motivados por el reverendo Miguel Tórrez, de la Iglesia Bautista, quien les había dicho que en la extensa zona de Zelaya existían tierras libres para ellos, estaban convencidos que allí encontrarían lo que buscaban y además, que ellos serían los pioneros de la fundación del primer pueblo de evangélicos en Nicaragua.

Y así fue cómo estos humildes campesinos, el reverendo y varios funcionarios del entonces Instituto Agrario Nacional (IAN), emprendieron camino aquella tarde de marzo, hacia el corazón de la jungla, guiados por el pastor Uriel Gómez y Benito Luna, quien había sido un experto raicero y hulero de la zona.

Avanzaron hasta donde llegaron los vehículos, y después un extenso trecho de 52 kilómetros sólo era transitable a pie y con ayuda del machete, distancia que el pequeño grupo recorrió tras cinco días de extenuante caminata.

Donald Antonio Ríos Obando, de 56 años, era, junto a su hermano Víctor, uno de aquellos osados excursionistas que el 5 de marzo llegaron a un lugar rico en fértiles tierras, rodeadas de abundantes ríos y quebradas, ideal para fundar un pueblo.

UNA LUZ EN LA SELVA

Don Donald cuenta que esos 17 campesinos que llegaron hace 35 años fueron en realidad los fundadores de la primera ciudad bautista en Nicaragua. “A nosotros nos habían dicho que veníamos a hacer una ciudad en la selva y pensamos que iba a ser un pueblo de sólo evangélicos, por eso cuando llegamos aquí bautizamos el lugar con el nombre de “Luz en la Selva”, nombre que se mantuvo por unos cinco meses, pero cuando abrieron la trocha vinieron nuevas familias y empezó el problema con el nombre del poblado, “entonces se hizo una reunión y la mayoría, que no era evangélica, propuso que, como cerca de aquí pasa el río La Guinea, se le pusiera Nueva Guinea al naciente pueblo, y así quedó desde entonces bautizado el pueblo”, recuerda Ríos.

A cada expedicionario le dieron 50 hectáreas de tierra para finca y una en el poblado para construir su casa de habitación, con lo cual se crearon las primeras tres colonias agrícolas, las que aumentaron en 1968 cuando llegaron más de 300 familias damnificadas por la erupción del Volcán Cerro Negro y otro tanto que llegó después del terremoto de Managua, en 1972. Pero no sólo de León y la capital llegó gente a este lugar, sino que también del norte y zona central del país, los que igualmente recibieron tierras y dieron origen a nuevos núcleos productivos hasta llegar a constituir 28 colonias, con las que Nueva Guinea pasó a ser conocida durante la década de los años setenta, como “el granero de Nicaragua”.

Hubo un tiempo en que en Nueva Guinea no existía ningún tipo de autoridad civil ni militar, la vida transcurría en un ambiente de tranquilidad, donde no se permitía la venta de bebidas alcohólicas y esa función de gobierno la ejercía un consejo agrario formado por los mismos cooperados.

Como en ese entonces esta zona pertenecía al Municipio de El Rama, y por estar demasiado lejos, 280 kilómetros de Managua, la mayoría de los niños que nacían en el pueblo eran anotados en un cuaderno que llevaba el Consejo Agrario, pero al parecer nunca fueron anotados en los libros de registros oficiales.

Don Donald Ríos refiere que fue hasta 1976, año en que Nueva Guinea se independizó de El Rama y pasó a formar parte de Muelle de los Bueyes cuando al pueblo llegó la autoridad encarnada en el teniente retirado de la Guardia Nacional, Eduardo Hodgson, investido con los cargos de jefe de policía (de él mismo, porque sólo había un policía), Juez del Trabajo, Juez Local y Alcalde por la Ley, de tal manera que capturaba al que violaba la ley, lo juzgaba y lo condenaba.

Tras ser elevada a la categoría de Municipio en 1981, y un crecimiento de más de 120 mil habitantes, “La Guinea”, como popularmente es conocido este poblado, sigue siendo eso, un pueblo agrícola y ganadero. Por el desarrollo alcanzado muchos consideran que ya tiene méritos para subir a la categoría de Ciudad. Personalidades notables han sostenido una lucha ante la Asamblea Nacional para institucionalizar el Departamento de Zelaya Central.

«CHUCHA POLLO» EL FONOMIMICO DEL PUEBLO

Llegó terremoteado, de la capital a Nueva Guinea hace 26 años, cuando tenía dos años. Desde pequeño se dio a conocer como un joven que no le tiene miedo a ningún tipo de trabajo, prueba de ello es que la gente lo ha visto de operario en bodegas de granos básicos, de vendedor de raspaditas y hasta de limpiabotas, trabajo que actualmente desempeña con gran destreza.

Su nombre de pila es Ventura Enrique Obando Mendoza, pero la mayoría de la población sólo lo conoce por su nombre de batalla, “Chucha Pollo”, apodo que según dice, heredó de su papá desde que estaba chavalo.

Sin embargo, reclama que el apodo original es “Chicha Pollo” y que surgió cuando una vez su papá se fue a pasear al río con sus amigos Sebastián Malespín y otro de apellido Colindres, quienes llevaron para almorzar una pana de pollo y una porra de chicha, alimentos que en un descuido de los dos, “desapareció”, ante lo cual sus amigos concluyeron: “Bueno, aquí no hay otro que Ventura, él se comió la chicha y el pollo, Chicha y Pollo” y así nació el sobrenombre de “Chicha Pollo” que con el tiempo ahora se transformó en “Chucha Pollo”.

En el día se le puede encontrar en su empresa, ubicada en la entrada de los billares Edén, pero también puede atender a domicilio, ya que es el único trabajador que se da el lujo de llevar a tuto su “oficina”, nombre con el que designa a su pequeña caja de lustrar zapatos.

Pero Ventura no se conforma con ser un popular lustrador, al contrario, desde 1992 en que dejó de estudiar con sólo la primaria aprobada, siempre ha estado con el deseo de volver a las aulas a estudiar “cualquier carrera que se me ponga enfrente”.

En el pueblo lo conocen como un joven vacilón, chilero, y picaflor, y aunque es casado, padre de dos hijos con su esposa y uno “por fuera”, asegura que eso no le causa ningún problema con su señora porque “ella sabe como soy yo de enamorado, todas las mujeres me gustan”. Pero su mayor popularidad no se la debe a su fama de Don Juan, sino a sus “dotes” de artista, razón por la cual es muy solicitado para salir en sociodramas y actos culturales, “siempre y cuando caigan reales”, dice con humor.

Esa cualidad es la que lo ha hecho imitar a grandes estrellas de la farándula internacional, como Cantinflas, Julio Iglesias y Juan Gabriel, actuaciones por las cuales recibe “una ayuda”. Hace pocos días tuvo su última presentación artística, cuando junto a tres compañeros salió interpretando el papel de “la cuarta” durante la canción de Carlos Mejía “Son tus perjúmenes mujer”.

Actualmente se prepara para salir de “hipócrita, bandida” en otro acto cultural, sin embargo, sueña con llegar algún día a darse a conocer en la capital, donde asegura que se presentará como “El Fonomímico de Nueva Guinea”.

LA INVASION DEL PAN TRINITEÑO

Doña Ada Rosa Albuquerque es una joven triniteña, heredera de la tradición que por tantos años ha hecho famoso a ese municipio de Estelí: la industria de la panadería. Ella llegó hace 5 años a Nueva Guinea y desde entonces, los pobladores de este pintoresco pueblo saborean el rico sabor de las galletas, picos, pudines y demás productos que doña Ada Rosa elabora en su panadería, ubicada en el barrio conocido como Zona 2.

Ella aprendió este delicioso arte cuando trabajaba como obrera de varias panaderías en su natal pueblo de La Trinidad y desde hace 13 años fundó su propia fábrica de pan, pero fue hasta hace pocos años que decidió, junto con su esposo y el apoyo de 5 de sus hermanos, trasladar el negocio a Nueva Guinea.

“Pensamos que aquí nos iba a ir mejor —dice doña Ada Rosa— pero casi todo es igual que allá, aunque un “poquito mejor porque abastecemos a todas las colonias con nuestros productos”. Entre la variedad de panes que se elaboran en esta panadería se encuentran los famosos polvorones, galletas simples, bizcochos, picos, tortas, pudines, bizcotelas, corbata, cachito, pan suave, lengua, rosca, y empanadas entre otras.

Doña Ada Rosa asegura que la clave del éxito de su empresa familiar se debe a que sus productos son mejores que los de la competencia porque llevan más ingredientes como azúcar, manteca, leche, margarina y otras especies. Es por esa razón que el pan simple que se elabora donde ella es uno de los productos que más se venden, seguido de los panes dulces, que son muy apetecidos en las comunidades rurales.

En total son 10 los trabajadores que laboran en esta panadería, la mayoría llegados de La Trinidad, los que unidos con la propietaria y sus hermanos hacen un excelente equipo en el que ella atiende la parte productiva, unos la venta y otros la distribución en el pueblo y las colonias del municipio.

Desde que la panadería de doña Ada Rosa se instaló en Nueva Guinea sus pobladores ya se han habituado al aroma y sabor de sus productos, los que sin duda ya se han convertido en parte esencial de la oferta culinaria de este lejano pueblo.

EL QUESO PRENSADO DE EL ZAPOTE

En una zona donde llueve diez de los doce meses del año y que produce un alto porcentaje de la leche que se consume en el país, no podía faltar una fábrica artesanal de queso, donde los instrumentos de trabajo son casi los mismos que se utilizaban en los últimos tres siglos, sólo que con algunas técnicas modernas que permiten un mejor sabor y conservación.

Don Miguel Angel Benítez es propietario de la única quesera artesanal ubicada en el pueblo de Nueva Guinea. Esta pequeña unidad productiva fabrica el queso Monolique, el cual es exportado exclusivamente a El Salvador, aunque también es muy cotizado en algunos hoteles y restaurantes de primera de nuestro país.

Don Miguel cuenta que hace unos tres años compraba el queso procesado para comercializarlo, pero luego decidió comprar la empresa lácteos El Zapote para fabricar su propio queso, ya que él tenía la experiencia de haber trabajado en varias queseras salvadoreñas y conocía el gusto de los “guanacos”.

La fábrica de queso más bien parece el taller de Gutenberg, con sus famosas impresoras tipográficas de madera, con la diferencia que el sabio alemán imprimía las primeras letras que universalizaron la lectura y aquí se exprimen galones de leche cuajada para sacar el rico queso nicaragüense.

Según explica don Miguel, en esta fábrica se siguen las más estrictas normas de higiene para proteger la salud del consumidor, entre ellas un cuidadoso filtrado de la leche, mantenimiento a baja temperatura, revisión que esté libre de brucelosis, mastitis y otras enfermedades que atacan al ganado, así como también personal con uniforme, mascarillas y botas de hule.

En esta fábrica todos los días se procesan unos seis mil litros de leche, de la cual, una parte es recibida en la propia planta y otra es acopiada en las colonias, la que luego pasa a las pilas revestidas de azulejos y cemento blanco, donde sigue el proceso hasta elaborar el queso.

DOÑA SANTOS Y LOS CANASTOS DE JERUSALEN

Desde hace diez años, doña Santos Carvajal, joven campesina de 29 años, se las ingenia para combinar sus responsabilidades domésticas con su trabajo artesanal, ya que ella es la única mujer en toda la zona de Nueva Guinea que sabe trabajar en ‘baratal’, un material parecido a la caña de bambú con el que elabora bonitas canastas decorativas para diferentes usos del hogar.

Pero esta actividad no es nada fácil para ella, ya que además de cuidar a sus tres pequeños hijos, atiende a otros cinco de su mamá y una hermana mayor. Pero lo más difícil de este trabajo es buscar el material, el que crece a la orilla de los ríos, en lo profundo de la montaña, hasta donde tiene que llegar sorteando culebras y serpientes venenosas como la terrible barba amarilla y el coral.

Ella aprendió a hacer estos canastos hace unos diez años, cuando un señor de Managua llegó a vivir cerca de su casa y miró cómo hacía estas piezas con productos que había en la bajada del río. “Le puse cuidado y un día me fui al monte a buscar el material y vi que podía hacerlos y desde entonces vendo para ayudarme un poco”, dice mientras da los últimos detalles a un nuevo canasto.

Con el material en sus manos, ella es capaz de hacer un canasto por día, pero como no puede descuidarse de los niños, ese trabajo le lleva dos días. Los precios de sus productos varían desde los cincuenta córdobas el canasto para ropa hasta los treinta por una canastita para verduras o para vender cigarros o guardar horneados.

En su casa de la comunidad de Jerusalén, Doña Santos se ha propuesto crear nuevos modelos de artesanía a base de caño de baratal, pero tiene el inconveniente que no cuenta con la ayuda de ningún catálogo ni modelo para guiarse. Por el momento seguirá trabajando en el patio y sala de su humilde vivienda, en espera que sus viejos clientes le sigan haciendo encargos.

LA EBANISTERIA «GRACIAS A DIOS» DE DON SABINO

A pesar que los bosques cada día se van alejando más del pueblo, en Nueva Guinea existen más de 25 talleres de ebanistería donde se elaboran finísimos muebles de madera preciosa como el cedro real, coyote, caoba y otras especies maderables.

Desde 1981 en que dejó la agricultura para dedicarse a la ebanistería, don Sabino Pérez Henríquez ha visto progresar su taller, el mismo que fundó con la ayuda de su ex patrón y un pequeño préstamo del banco, que le sirvió para comprar sus primeros equipos.

El taller de don Sabino se llama “Gracias a Dios” y gracias a su trabajo y el de sus cuatro ebanistas, muchos habitantes de este pequeño pueblo disfrutan en sus casas de las acogedoras sillas abuelita, los funcionales comedores y las confortables y frescas camas de junco.

La calidad de estos productos es tal, que según dice el mismo don Sabino, algunos visitantes que llegan de Managua y Masaya se han llevado comedores y juegos de sillas, ya que la madera con la que se hacen, además de primera calidad, es procesada con esmerado cuidado.

Pero no todo es color de rosa para un negocio como este, ya que la materia prima, la madera, tiene que traerse de lugares tan distantes como San Carlos y otros lugares aledaños, donde actualmente existe una moratoria para algunas especies maderables, lo que hace el producto más caro y escaso.

De todas formas, los pobladores de este lugar tienen el privilegio de contar con excelentes artesanos de la madera, donde lo único que se necesita es llegar con la idea, pues allí se la hacen realidad y si no, entonces puede llevarse lo que hay en existencia.

EL CAUDALOSO RIO PLATA

A unos cuatro kilómetros de Nueva Guinea, se encuentra el caudaloso Río Plata, sitio preferido por los pobladores del pueblo para bañarse durante la temporada de verano. Pero también este río tiene excelentes lugares para disfrutar en cualquier época del año, sobre todo, para recrearse con un picnic, a la orilla de sus laderas rocosas o en las pozas que se forman en su largo recorrido.  

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