Acerca del voto útil

  • En este caso lo que desea el
    elector es no desperdiciar su voto, e impedir que ganen el candidato y partido que son negativos según su gusto y sus intereses

Luis Sánchez [email protected]

En los países democráticos las elecciones son el escenario solemne en el que, mediante el voto, cada ciudadano manifiesta su voluntad política y ejerce la cuota de soberanía nacional que le corresponde. Esto sin perjuicio de que casi en todas partes del mundo pero sobre todo en los países más atrasados política y culturalmente, las campañas electorales se degradan por las artimañas y recursos sucios que usan algunos contendientes para descalificar al adversario, tal como lo estamos viendo ahora en Nicaragua.

Pero en cualquier caso y en todas partes, aún en las precarias condiciones del patético sistema democrático de Nicaragua, el voto tiene el mismo contenido y las mismas características. O sea que, en tanto que manifestación de la voluntad del individuo en la conformación de los poderes públicos, el voto tiene un doble aspecto. Uno, como manifestación formal o técnica del sufragio: voto secreto, voto universal, voto censitario, voto directo, etc.; y el otro, como expresión del comportamiento electoral, o sea la manifestación de determinadas tendencias políticas, como son los casos de voto de castigo, voto de miedo, voto sólido, voto débil, voto útil, etc.

El voto de castigo, como es sabido, se produce cuando los electores quieren repudiar al partido por el que han votado regularmente, o al que votaron en la elección anterior, pero al que ahora castigan por alguna o diversas razones: incumplimiento de promesas, incapacidad de gobernar, corrupción, etc. En este caso el elector opta por otro partido en el que ve mayores ventajas o como es sabido, que le ofrece más o menos lo mismo que al favorito anterior.

El voto útil está emparentado con el voto de castigo y es el que emite el ciudadano a favor del candidato o partido que aparentemente tiene más posibilidades de ganar, aunque no sea su partido habitual ni esté totalmente de acuerdo con su programa e ideología. En este caso lo que desea el elector es no desperdiciar su voto, e impedir que ganen el candidato y partido que son negativos según su gusto y sus intereses.

En lo que se refiere a las próximas elecciones municipales, las diversas encuestas están indicando que muy probablemente habrá un voto de castigo de muchos ciudadanos que en las elecciones anteriores sufragaron por el gobernante Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Eso es lo que explica por un lado el robustecimiento del voto sandinista y por otra parte el asombroso crecimiento del Partido Conservador.

Ahora bien, en virtud de que el voto democrático o antisandinista está dividido entre quienes declaran su intención de votar al Partido Conservador y quienes anticipan su voto al Partido Liberal Constitucionalista, los líderes de ambos partidos están apelando a los ciudadanos para que hagan uso del voto útil, a que no desperdicien su voto y sufraguen por el partido y candidato que tiene más posibilidades de derrotar a los sandinistas. El problema es que cada uno de los dos partidos democráticos (Liberal y Conservador) alega tener más posibilidades de triunfo y ambos se apoyan en los resultados de las encuestas: el PLC en las de Borge y Asociados, la firma costarricense que hace encuestas por encargo del partido gobernante, y el Partido Conservador en las que hace CID/Gallup por cuenta de LA PRENSA y el Canal 2 de TV, así como en las de M&R.

De manera que la elección municipal de Managua del próximo 5 de noviembre se podría dilucidar por la combinación del voto de castigo al actual gobierno con el voto útil para impedir el triunfo del FSLN y Herty Lewites. Tal combinación le podría dar el triunfo a Wiliam Báez, a pesar de que el 7 de octubre estaba 11 puntos abajo de Herty Lewites; o a Wilfredo Navarro, quien según la encuesta pagada por el PLC (de Borge y Asociados), el 11 de octubre se encontraba 5% detrás del candidato sandinista.

Los 11 puntos que según CID/Gallup separaban el 7 de octubre a Wiliam Báez de Herty Lewites, no son insalvables si se considera la tendencia de crecimiento del candidato conservador y la expectativa del voto de castigo y del voto útil. La presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, estaba 10 puntos debajo de Martín Torrijos (34% a 44%) cuando faltaban 14 días para elección del 2 de mayo de 1999. Y la señora Moscoso ganó, como bien lo sabemos.

Así que el 5 de noviembre podría haber una sorpresa electoral. ¿Quién sabe?  

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