A doña Violeta

Ayer 18 de octubre fue el cumpleaños de una mujer sencilla y clara, con un corazón lleno de amor, sin odios, sin resentimientos, sin ambiciones de grandezas, más que el ayudar y servir a todos, sin desvelos ni suspiros de poder y riquezas. De una mujer querida por muchos, envidiada por algunos y respetada más allá de las fronteras. De una mujer genuina, gran esposa, gran madre y ejemplo acrisolado de viuda.

La historia de su vida, rica en vivencias, fue sellada con una misión que el destino le tenía como sorpresa, como planificado por Dios sin ni siquiera soñarlo, en medio de adversidades, con el apoyo sincero de muchos y con el apoyo interesado de algunos, se convirtió en la esperanza, como rayo de luz en una noche oscura, y ante el asombro del mundo, el ama de casa, la viuda, cambió el rumbo de la historia el 25 de febrero de 1990.

Hoy, después de estos años, con la ingratitud natural del ser humano, ya ese rayo de luz que fue esperanza, lo olvidaron los interesados de ayer y los de hoy, pero, Señora, eso no importa, los muchos de ayer seguimos queriéndola, agradeciéndole y respetándola. Fue y seguirá siendo nuestra admiración; su amor por Nicaragua y el perdón serán siempre la semilla que sembró, cosechó y cosechará en esta nuestra Nicaragua, para bien de todos. Que Dios la bendiga Señora.

Constantino Céspedes Roca  

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