Róger Fischer
Por los años cuarenta nuestros escritos eran a través de plumas y empatadores con plumilla, así hacíamos tareas y escribíamos cartas y telegramas. Había telegramas simples, telegramas 22 o urgentes y con contestación pagada. Cuando queríamos comunicarnos con el exterior lo hacíamos por cable o radio, manejados por All American Cable o Tropical Radio. Los teléfonos eran de magneto y había que solicitar las llamadas a una central para poder obtener un número. Los periódicos salían por la tarde con información internacional vía cable y transmisiones de radio. La información nacional era a través de corresponsales que escribían según su zona, por ejemplo: el corresponsal de Ocotal escribía las notas sobre ahogados en el Río Coco y el de León narraba balaceras y vendettas.
La radio transmitía algunos noticieros y por onda corta sabíamos del mundo a través de México y Cuba.
A mediados del siglo se instaló una planta telefónica de Siemens y era frecuente escuchar antes de eso: “silencio Nagarote que está hablando La Paz Centro” o “amorcito callate para que pueda entrar mi llamada”. En Nicaragua funcionaba más rápido el “bolímetro” de Rómulo Rosales, con sus noticias llenas de buen humor y bolas de todos los tamaños.
Cuando empezó a funcionar la televisión tenía un público limitado a militares y personas del gobierno. Los aparatos se conseguían a través de Somoza en su tienda de electrodomésticos.
Para entonces las radiodifusoras llegaron a su mayoría de edad y apasionaban con sus radionovelas de Kadir el Arabe y El Derecho de Nacer.
Plumas y lapiceros sobrevivieron al invento del bolígrafo, donde un nica de apellido Fawley tuvo que ver. Las máquinas de escribir se convirtieron en eléctricas y en los diarios escritos de fuentes manuales pasaron a linotipos y después al “off-set”.
Los walkies talkies funcionaban para la seguridad de personajes políticos. Los teléfonos de disco se volvieron digitales y apareció el telefax y luego la telefonía celular que penetra en iglesias, cines, cementerios y lugares públicos con impertinencia y mal gusto.
La computación alcanzó grados que sólo en las películas de Flash Gordon adivinábamos.
En publicidad pasamos de una matriz de cartón a un anuncio enviado por correo electrónico.
En nuestra aldea global nos comunicamos por computadora y los satélites son enlaces entre países. Los teléfonos vienen con speakers que usan los políticos para hacer oír al interlocutor.
Los pésames de ciudad a ciudad, se daban por telegramas de 15 palabras, incluyendo la dirección. Hoy se accede a la banca y compañías aéreas electrónicamente y la televisión nos trae la noticia con la puntualidad del suceso. La radio sigue siendo importante.
En las campañas políticas actuales juegan significativo papel los diarios, la radio y la televisión a través de computadoras, telefax, beepers y celulares.
Vemos a Wilfredo en caminatas cotidianas enseñando conocimiento y vigor; William Báez, administrando encuestas y Herty ofreciendo títulos sin valor. En los días que faltan corresponderá a los medios posicionar definitivamente a los contendores y debe ganar quien demuestre más capacidad, experiencia y honestidad. Me apunto a Wilfredo, bien preparado, honrado, verdadero managua y con el único proyecto serio sobre nuestra ciudad.
Los que vivimos en Managua queremos una ciudad humana, segura, limpia y con oportunidades para todos.
Ojalá que la modernidad de las comunicaciones se utilice para provecho de la comunidad y para mostrar nuestra vocación democrática con altura y civismo.