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Estamos a 18 días de elegir a las autoridades municipales en el país. Cada uno de los votantes todavía tiene tiempo de reflexionar por quién votar.
Cuando se asume con seriedad, con una visión de nación e integralidad el sagrado derecho a elegir a quienes regirán los destinos de un país o de un municipio, es difícil dar el paso en medio de un mar de incertidumbre que ha caracterizado a nuestra clase política.
A estas alturas no hay mayor cosa que hacer. Los candidatos que están, ni modo, esos son los que tenemos porque ha sido la voluntad de un par de soberbios del pacto libero-sandinista. Lo único que queda es exigir a las nuevas autoridades edilicias, progreso, transparencia y correcta administración de los recursos.
Cada uno debe aprender y estudiar los fenómenos políticos, los escenarios, los patrones de conducta de los actores políticos y de la misma sociedad, mantener en constante actualización la memoria histórica, para tener una mejor sociedad y líderes adecuados.
Es increíble cómo la intangibilidad del concepto democracia que por años ha sido una especie de bandera contra la barbarie del poder, sigue siendo una utopía.
Queremos una Nicaragua moderna, limpia, sin corruptos, con miras hacia los senderos del desarrollo, con gente joven, sana, inteligente y disponible a darlo todo por su pueblo, pero de pronto uno se encuentra con un muro de contención donde se estrellan todas esas esperanzas de hacer realidad el sueño de muchos niños sin educación, con hambre, con sus padres desempleados, sin viviendas, sin salud y sin servicios públicos eficientes.
Es lamentable ver a los candidatos a alcaldes de los cuatro partidos políticos en contienda en todo el país, exhibiendo una profunda ignorancia política, falta de conocimiento de la realidad de su pueblo y principalmente, sin una planificación, organización y estrategia seria a desarrollar, no sólo si ganaran las elecciones, sino aún siendo simplemente miembros de la comunidad. Esto evidencia que su interés es sólo por alcanzar el poder, porque si no los eligen, no mueven un dedo por su pueblo.
Los discursos de todos estos señores están total y absolutamente vacíos. Veremos que una vez que ganen las elecciones, el patrón de comportamiento será el mismo. Es por eso que desde que se sienten en su reinado, hay que exigirles todos los días que trabajen y rindan cuenta del dinero que es del municipio.
Creo que debemos aprender la lección para los comicios del 2001 donde se debe elegir al nuevo Presidente de la República.
Debemos recordar que Daniel Ortega, Enrique Bolaños, Pedro Solórzano, Agustín Jarquín, Noel Vidaurre, entre los que sobresalen, no son la opción política para una Nicaragua que cada día se moderniza, avanza y exige nuevos líderes con otros parámetros y con un pensamiento más humanista y desarrollado, con miras hacia el bien común, el fortalecimiento institucional y el respeto a los derechos fundamentales del ciudadano.
Para el 2001, Nicaragua debe elegir a alguien diferente, honesto y que termine con la estela de corrupción que asola a la nación.