Cristiana Chamorro [email protected]
El premio de la sociedad interamericana de prensa, “Mención de Honor a la Excelencia Periodística en Opinión”, que voy a recibir el 18 de octubre en Chile, se lo debo a Nicaragua, a su lucha por la libertad de expresión y a su realidad que nosotros los periodistas comentamos, denunciamos y nos sirve de fuente de inspiración todos los días.
Artículos que publiqué durante un año en LA PRENSA y en Confidenciales, constituyen una serie de doce enfoques sobre realidades políticas de Nicaragua, que fueron premiados por un jurado de trece directores de periódicos afiliados a la SIP en las tres Américas.
Según el reglamento de convocatoria, este concurso anual tiene como propósito reconocer y motivar la excelencia periodística de cientos de profesionales de la información que se esfuerzan por informar y promover la libertad de prensa en el hemisferio occidental.
Otro punto del reglamento era que si los trabajos habían sido publicados en más de una publicación, el postulante debería elegir sólo una. Naturalmente yo seleccioné LA PRENSA, por ser miembro de su Junta Directiva y del Consejo Editorial y para darle un regalo al periódico de mi familia. Lo hice también en respuesta a ese llamado de la SIP a mantener viva la militancia al lado de la libertad de expresión y contribuir con la defensa internacional de nuestras libertades democráticas amenazadas por los abusos del poder bicaudillista.
Y no es casualidad que cuando los autoritarismos y personalismos ensombrecen los panoramas democráticos de la región, se diera según la SIP una participación sin precedentes de 248 periodistas concursando en once categorías de periodismo, con artículos ganadores por su profesionalismo y el impacto que tuvieron en sus comunidades respectivas y en el exterior de sus países.
La mención de honor que en esta competencia gana Nicaragua, la recibo agradeciendo primero a los miles de nicaragüenses que, desde sus distintas posiciones, luchan por la democracia y el progreso y por mantener viva la libertad que hoy nos permite hacer un periodismo que puede competir y ganar a nivel internacional.
La celebro como un reconocimiento al periodismo nacional, que en la última década ha logrado posicionarse como la institución de mayor credibilidad en este país. Y convencida de que no habrá prensa verdaderamente libre, a menos que las mujeres nos expresemos con la misma o mayor intensidad que nuestros colegas varones. Recibo esta distinción profesional apostando al futuro de mis hermanas mujeres periodistas de Nicaragua.
De manera especial agradezco todas las expresiones de felicitaciones recibidas y el esfuerzo en silencio de cada uno de los trabajadores, agentes y voceadores, lectores y clientes que hacen posible la existencia de la Prensa nacional y en particular, la de nuestro Diario LA PRENSA, espacio que da cabida a la excelencia que confirma este honor ganado también en 1954 por el maestro periodista Agustín Fuentes, en categoría de fotografía y en 60 Alberto Mora (AMO) por sus caricaturas.
Este nuevo premio internacional en LA PRENSA se suma a varios más que en su momento trajeron a nuestro diario con el mismo orgullo y satisfacción profesional otros miembros del Diario de los Nicaragüenses, mi familia.
En 1977, mi padre Pedro Joaquín Chamorro Cardenal con el premio Maria Moors Cabbot conferido por la Universidad de Columbia “en mérito a su incansable labor periodística”.
Luego mi hermano Pedro Joaquín Chamorro Barrios, en 1982, nos trajo el premio “Pluma de Oro de la Libertad”, otorgado por la Asociación Mundial de Editores de Diarios (FIEJ) y entregado por los Reyes de Noruega.
En 1987 y 1988, mi madre Violeta Barrios de Chamorro, como directora de LA PRENSA recibió el Premio para periodistas Louis Lyon de la Universidad de Harvard y el Gran Premio SIP a la Libertad de Expresión, por mantener vivo el espíritu libertario de nuestro Director Mártir. En 1992 celebramos el Gran Premio de la OEA con Pablo Antonio Cuadra y en años siguientes, el de los fotógrafos Manuel Esquivel (1993), Germán Miranda (98 y 99) y Francisco Larios (98).
Con todos ellos y la participación ayer y hoy de varias generaciones de hombres y mujeres, poetas y periodistas, políticos, intelectuales y de otras disciplinas construimos nuestro gran capital en LA PRENSA, el capital de la credibilidad. No es la preocupación del hombre que vive angustiado por la pérdida o ganancia de sus ingresos, sino la angustia de ser mujeres y hombres libres, valientes e independientes, portadores de ideales, de servicio a la comunidad y de un mensaje de libertad para Nicaragua.
Y asimismo debo destacar el papel de la Sociedad Interamericana de Prensa, como guardianes internacionales de las libertades democráticas en general y de la libertad de prensa en particular. La historia del Diario de los Nicaragüenses no se puede contar sin recordar las distintas misiones de esa organización a nuestro país abogando en contra de cárceles a periodistas, leyes represivas a la libertad, censuras, cierres de periódicos y la impunidad a crímenes de periodistas.
El establecimiento de estos premios es el mejor testimonio de su adhesión a la promoción de una prensa libre y responsable. Su distinción renueva mi compromiso con la libertad, la independencia, la verdad y la justicia, principios que, como estrellas para los navegantes, marcan los rumbos de la excelencia en el ejercicio de esta profesión.
Y aquí en Nicaragua, donde vivimos indignados por la corrupción, el peculado, la impunidad, el vacío institucional, el caudillismo y otras barbaridades, un premio en periodismo es una provocación a seguir interpretando el clamor social, averiguar y entender el cómo, cuándo, dónde y por qué de las cosas, escuchar la conciencia del pueblo, señalar caminos y vivir esta obligación gratuita a como dice García Márquez que se vive el periodismo:
“… con pasión insaciable, la que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad… es un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz, mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.