Silviano Matamoros*
Cuando el país vive dentro de la corrupción, la impunidad, la arbitrariedad y la demagogia política, estamos abriendo un abismo entre el entendimiento democrático y la unidad nacional tan necesarias para nuestro desarrollo.
Es indudable que nadie entiende por las malas, y que siempre un efecto tiene su contraefecto; el pueblo nicaragüense está siendo mal tratado por la arrogancia gubernamental, la corrupción y el estilo partidario de gobierno que en vez de unificar divide y enfrenta posiciones. Sin dudas, todo esto tendrá su contra-efecto en las elecciones próximas en donde el pueblo se cobrará su desquite.
Si analizamos los acontecimientos de corrupción en Interbank, que han tomado grandes proporciones y han afectado internacionalmente a nuestro país, y si continuamos señalando además otros casos de grave corrupción que no quiero mencionar particularmente pero que todos conocemos, tenemos que concluir necesariamente que Nicaragua está interesada en una crisis moral de grandes proporciones.
No basta hacer señalamientos directos al gobierno, y no lo estoy diciendo para defenderlo o congraciarme con él, sino para apuntar al fondo del problema, porque si bien es cierto que algunos de estos actos de corrupción los han realizado personas del gobierno y estallan en la cara gubernamental, no es menos cierto que todas ellas han involucrado también a personas ajenas a él, a empresarios privados; son pues todas ellas al final, producto de una descomposición individual que hoy se produce en el gobierno liberal y mañana en el que surja ganador, porque son los hombres y la falta de valor para aplicar la ley, los que están fallando y pervirtiendo la conducta moral de nuestra sociedad y de nuestros políticos.
Lo que es realmente culpa exclusiva del gobierno liberal, es la tolerancia y la impunidad con que se han manejado estos casos; es inconcebible la indolencia presidencial y el boleo del sistema judicial y sus autoridades, para dejar impune a los corruptos con evasiones pueriles y leguleyadas cantinflescas.
Son las medidas fuertes, los hombres valientes y honestos y la ley aplicada oportuna y ciegamente contra los corruptos, estén donde estén, los únicos que pueden detener esta vorágine moral y darle fuerza a las sanciones que merecen, quienes despojan impunemente a nuestras instituciones financieras de los recursos ahorrativos del pueblo nicaragüense, y no la complacencia fácil y disfrazada con tecnicismos del Banco Central y del gobierno, para defender a sus amigos y torcer los resultados de un delito común.
Hoy como ayer en el tiempo de la historia, Nicaragua necesita urgentemente, un político conservador valiente y honesto como don Fruto Chamorro, que como Cid Campeador venga a poner el orden y la ley en un país de anarquía moral y crisis republicana como en 1845.
*Ex presidente del Partido Conservador