Josefina Vannini
Como parte del lamentable cierre de espacios que se vive en Nicaragua, el PLC ha introducido ante el Consejo Supremo Electoral un pliego de peticiones impugnando la inscripción del Partido Liberal Democrático. El escrito en mención, dada la ausencia de argumentos válidos y por los insultos que contiene, no debería ser tomado como un documento con la seriedad suficiente como para ser sometido a consideración por esa institución del Estado. Más bien, debería haber sido devuelto a sus emisores para que buscaran otros argumentos – si es que los hay – y los presentaran en un escrito que esté a la altura no sólo del Consejo Supremo Electoral sino también de la inteligencia de los magistrados.
En general, las razones por las cuales se impugna al Partido Liberal Democrático son puramente subjetivas, generadas de la voluntad caprichosa y arbitraria de quienes han repetido una y otra vez que por decisión propia no dejarán inscribir ninguna otra organización.
El PLC alega que no se puede usar el nombre o palabra “liberal” en ningún otro partido. Sólo pensemos en el desbarajuste que se armaría si algún día a la Iglesia Católica se le ocurriera decir que ninguna otra religión puede llamarse “cristiana” porque según el principio: “Primero en tiempo, primero en derecho”, ésta fue la primera seguidora de Cristo, por lo tanto propietaria no sólo del calificativo “cristiana”, sino que dueña de Cristo también.
El mismo caso se aplica aquí: los seguidores de Cristo son los cristianos, independientemente a qué iglesia pertenezcan; los seguidores de la filosofía liberal son liberales y este calificativo no pertenece a alguien en especial, por lo tanto se aplica a todos aquellos identificados con esta corriente de pensamiento.
El segundo argumento de esta extraña petición es que el PLD no puede usar el color rojo para su bandera. Estoy totalmente de acuerdo, pero nuestra bandera no es roja, es tricolor, sus colores son el rojo, el amarillo y el azul, y además tiene una inscripción, por lo tanto no puede ser confundida. Más bien creo que deberían tener miedo que la bandera roja fuera confundida con la rojinegra con la cual no sólo coinciden los colores sino las actitudes y mañas.
El tercer alegato lo hacen por el himno “Hermosa Soberana”. Según entiendo, durante el tiempo del Presidente Zelaya, ese era el himno de Nicaragua y después pasó a ser el del liberalismo, pero, en esa época a finales del siglo pasado, el PLC no existía por lo tanto no importando que este partido lo considere su himno oficial, ese sigue siendo el himno de todos los que profesamos el liberalismo. Nadie nos puede impedir que lo cantemos las veces que nos reunamos, así como no hay fuerza que nos obligue a no tocarlo en la sede de nuestro Partido Liberal Democrático.
Además, como corolario, la petición de impugnación contiene adjetivos que consideramos insultantes en contra de nuestro partido, razón por la cual, este escrito debería haber sido automáticamente rechazado por el Consejo Supremo Electoral por no cumplir con el Reglamento de Etica Electoral.
Es lamentable que recelos y envidias personales hagan uso de una organización política y de una institución del Estado para afectar a otros ciudadanos que tienen el mismo derecho de cualquier nicaragüense de aspirar a elegir y ser electo.
El Consejo Supremo Electoral tiene el deber de velar por el derecho de inscripción de otras agrupaciones y evitar prestarse a las manipulaciones de los partidos políticos con vocación excluyente. Sus magistrados tienen la responsabilidad de impedir actos que estén reñidos con la libertad y la democracia, y, dependerá de ellos el dar curso a esa absurda y vulgar impugnación presentada por el PLC en contra del Partido Liberal Democrático, la cual constituye en sí misma, una muestra más de la pobreza del espíritu liberal que ha caracterizado a los más altos dirigentes del partido gobernante.