Pablo A. Vega
Qué pocos pensamos en la señorial Grandeza de lo Humano. Será por eso, que poco nos preocupamos de cultivar esos misteriosos valores, que precisamente constituyen la Grandeza Señorial del Hombre y de los Pueblos.
Hay sin embargo ocasiones que nos urgen y obligan a abrir las puertas a esos soberanos misterios de la vida y de las verdaderas dimensiones del quehacer humano. Sólo así, tomaremos en cuenta la grandeza señorial que obliga a cada Ser Humano y a cada pueblo, a salir de los fatalismos pseudorreligiosos, que le echan a Dios la culpa de todos nuestros males. Se buscan en cambio soluciones prepotentes, absolutistas y totalitarias, que despojan a los pueblos de esa señorial grandeza que los hace responsable de su desarrollo histórico.
La grandeza señorial, sólo se activa desde esa secreta intimidad, que se llaman: Conciencia, Libertad y Responsabilidad.
El dinamismo señorial no es: ni privilegio absolutista, ni mucho menos totalitarismo materialista. Tan deshumanizante son los “espiritualismos enajenantes”, como el materialismo ateo y opresor. Las divinizaciones del poder manipulan la conciencia. Los materialismos tratan de matarla. El “Quehacer Político”, es la dimensión global de esas señoriales responsabilidades, de las que dependen el desarrollo del señorío del hombre sobre su mundo.
Atribuirse divinos poderes para dominar, subyugar y explotar a los propios semejantes, o utilizar la fuerza, para ahogar la conciencia de los naturales derechos y responsabilidades de todo Ser Humano, son sólo dos maneras para impedir el desarrollo de los derechos y responsabilidades políticas de todo hombre y de todo pueblo. El derecho y las responsabilidades políticas, no son dádivas de los poderosos.
Pareciera que entre nosotros, no se logra todavía rescatar esa conciencia señorial, que hace a los pueblos realmente libres. Para así, hacer posible la democratización socioeconómica y realmente política de nuestros pueblos. No salimos de los caudillismos. Antes se divinizaba el poder de los reyes y príncipes. Hoy se materializan los absolutismos. Se devalúa la moneda, para devaluar los recursos naturales y el valor del trabajo. Así se pierde la valoración humana, en base a comunes derechos.
El quehacer político, se somete a meros imposicionismos ideológicos. Los derechos, no son dádivas humanas, ni concesiones ideológicas, son cualidades humanas, por algo el Redentor dijo: “lo que hagáis con el último de mis hermanos, conmigo lo hacéis”.
Por algo, también el Papa Pablo VI, en su Exhortación Apostólica acerca de la Evangelización, decía: “La Evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre.
El quehacer humano, es un dinamismo señorial sobre el mundo, en fidelidad al que nos crió para cultivar su propia obra del Amor, en participación en el Ministerio Creador.
El autor es Obispo Emérito de Juigalpa