Mario Alfaro Alvarado
Nicaragua ha sido una nación secuestrada por las camarillas políticas dueñas de los partidos. A través de la historia las elecciones no pasaron de ser un requisito, una fórmula constitucional, para poner en la Presidencia de la República a la persona que la camarilla en el poder necesitaba para seguir en el ejercicio del gobierno para beneficio propio y de sus allegados políticos. Pero las cosas están cambiando.
En estas elecciones municipales, las primeras de su género, en la historia nacional, en cada uno de los municipios serán electos los mejores ciudadanos de cada localidad. Esta vez ganarán los partidos que hayan escogido como candidatos a los mejores postulantes de cada término municipal. A diferencia de las elecciones de Managua, en los municipios no competirán los partidos, se enfrentarán los ciudadanos, que a juicio de los votantes, ostentan las mejores cualidades.
De manera que no importará el partido al que pertenece un buen candidato, ganará el ciudadano que tiene la confianza de sus coterráneos, que es bien conocido por sus servicios a la comunidad, que es respetado por sus virtudes cívicas. Esta será la oportunidad para derrotar a los “candidatos de dedo” y elegir a los ciudadanos o ciudadanas que mejor responden al conocimiento y aprecio que los votantes tienen de ellos.
Durante el largo régimen liberal, desde que en 1928 recuperaron el poder para no soltarlo, la Alcaldía de Managua, convertida en Distrito Nacional, fue como una posesión personal del Presidente de la República que la ponía en manos de un administrador de su confianza.
En estas elecciones capitalinas los candidatos a alcaldes deben ganar el favor de los votantes, lo cual entraña una cerrada competencia donde todo vale, desde inhibir a un candidato con una simple raya trazada en el mapa de Managua, hasta ofrecer a cambio de votos un número no determinado de lotes de terreno, lo cual vendría a intrincar aún más la situación de la propiedad urbana, ya bastante enmarañada por los repartos desordenados y todavía no legalizados.
Sugieren las encuestas que la lid por la Alcaldía capitalina se resolverá entre dos candidatos; ya que el candidato rojo sin mancha sólo puede ofrecer a la vista de los votantes, lo que ya han hecho los liberales desde las elecciones de 1990 y que la gente resume en una frase sugerente: “el negocio de las rotondas”. De los dos candidatos que queden para competir en la palestra electoral, uno de ellos con sus “Títulos de Propiedad-Compromiso” trae a la memoria las confiscadas, entre los privilegiados del frentismo.
Fuera del poder durante más de medio siglo, renovado en sus cuadros directivos y orientado por nuevas ideas mejor sincronizadas con la realidad nacional, el partido verde no tiene antecedentes que le puedan endilgar con relación a la Alcaldía de Managua. Antes bien, ofrece una oportunidad para desligar a la Municipalidad capitalina de la nefasta influencia que la Presidencia de la República ejerce sobre ella y adherir el municipio más importante del país al surgimiento del nuevo e inevitable poder municipal.
Un nuevo e importante aspecto de estas elecciones municipales, es que las oportunidades de ganar las alcaldías, se ofrecen por igual a los partidos políticos que concurran con sus reservas morales, y todos las tienen; es decir, con los ciudadanos incontaminados de piñatas, indemnizaciones y regalos millonarios y que, además, rechacen sinceramente estas prácticas tan perjudiciales para la economía del país.
El poder municipal se sustenta en la probidad y transparencia en el manejo de los dineros edilicios; y, principalmente, en el buen ejemplo que den los correctos y honrados ciudadanos que han recibido la confianza de sus electores.