La fama que doña Elsa Guevara ha dado a los sombreros de pita trasciende la nación nicaragüense, pues muchos extranjeros llegan en busca de ese producto elaborado con pita.

Doña Elsa y los sombreros de pita

A la edad de 12 años doña Elsa se sentaba a la orilla de su mamá a observar cómo ella tejía los sombreros Orlando Valenzuela y Josanda Guerrero/Especial para Mosaico [email protected] Sentada en una silla y disfrutando de las caricias de sus nietas, encontramos a Doña Elsa Guevara Arróliga, pionera en la elaboración de sombreros […]

  • A la edad de 12 años doña Elsa se sentaba a la orilla de su mamá a observar cómo ella tejía los sombreros

Orlando Valenzuela y Josanda Guerrero/Especial para Mosaico [email protected]

Sentada en una silla y disfrutando de las caricias de sus nietas, encontramos a Doña Elsa Guevara Arróliga, pionera en la elaboración de sombreros de pita en la ciudad de Camoapa.

A la edad de 12 años doña Elsa se sentaba a la orilla de su mamá a observar cómo ella tejía los sombreros, ahora han transcurrido 62 años y en ese lapso de tiempo sus 7 hijos aprendieron el oficio y uno que otro de sus 15 nietos también saben dar sus puntaditas, y así en un trabajo conjunto toda la familia pasa las tardes elaborando portavasos, individuales para cocina, bolsos, joyeros, entre otros.

Doña Elsa descubrió su habilidad de tejer cuando un día agarró un sombrero lo desarmó e intentó volverlo armar y gracias a esta travesura la pequeña niña se da cuenta que puede hacerlo. “Aprendió jugandito, jugandito”, agrega su hija Magdalena.

Recuerda que un señor le dijo que si ella tejía un sombrero que pesara menos de cuatro onzas se lo compraba y que iban a hacer negocio, y la muchacha ni corta ni perezosa se sentó día y noche a tejer y a ripiar (sacar los hilos del sombrero). Ya terminado le dio un premio y le compró el sombrero.

Luego la gente decía que los sombreros que ella elaboraba eran tan delicados que alcanzaban en una caja de fósforo o que pasaban por un anillo, y de esa forma doña Elsa aprendió a tejer con puntadas finas.

Explica que para confeccionar un sombrero se requiere de mucha dedicación, “mi mamá le dedicaba todo el día, se levantaba, hacía el desayuno, volvía a sentarse, hacía el almuerzo y así pasaba”, cuenta su hija.

En los años 60 doña Elsa decide compartir sus conocimientos con los alumnos de los colegios e institutos municipales y de esa forma varios jóvenes aprendieron a elaborar accesorios de pita.

Actualmente su hija Magdalena es la que se encarga del negocio, y nos cuenta que los sombreros de su mama están presentes en todas las ferias y expoventas de la ciudad capitalina, tales como Expica, Microfer, y recientemente estuvieron en Metrocentro. Semanalmente tiene una producción total de 400 sombreros, y gracias al apoyo de IMPYME han podido salir adelante con el negocio que tiene ya 30 años de existencia, aunque la mamá empezó a tejer desde mucho tiempo atrás.

La familia invierte un total de 500 córdobas semanal en la compra de pita y demás materiales que se requieren para la confección. La mano de obra es realizada por ellos mismos, desde la nieta que tiene 8 años, que elabora los trabajos más sencillos. Los hay de varios tipos, entre los más llamativos y de mayor demanda están los sombreros lijados, sombreros hormados, enrollados, sombreretas de diferente calados, si es por puntadas finas, etc.

“IMPYME nos apoya dando capacitación, ellos traen a alguien que nos enseñe otro tipo de puntadas, por ejemplo un seminario sobre puntadas hondureñas y ecuatorianas que recibimos en años pasados”, explica su hija.

Doña Elsa recibió en una ocasión la Medalla Clamatitina, que es el estímulo al artesano más destacado y por tener mayor calidad en su trabajo.

MARK ESMELIN NO FALLA EN LAS VELAS

“No hay que tenerle miedo a los muertos, ellos no tienen prejuicios, hay que tenerle miedo a los vivos que ellos pueden ser malintencionados”, nos dijo Don Mark Esmelin Díaz Borkel, quien ya es parte del grupo de personajes populares que tiene el municipio por asistir a todas las velas del pueblo.

Al preguntarle su edad nos dijo “un poquito más de 40 años”, es soltero, sin compromiso y buscando novia, nos recalcó. Don Mark se dedica a la ganadería y todas las mañanas ordeña sus vaquitas, monta su mula y se va al pueblo a vender la leche, cuando viene de regreso a la comarca San Isidro, lugar donde vive desde que se mudó de Camoapa, pasa por “El Bosquecito” a tomarse una de las famosos sopas de gallina que venden en el pueblo.

Nos cuenta que va a todas las velas del pueblo porque algunos son amigos, y dice ser un nativo de la ciudad, por esa razón toda su familia y él especialmente tienen muchas amistades. “Nací y crecí aquí en la ciudad, por eso no puedo excusarme a la hora que hay un muerto, tengo que asistir”, dijo muy serio Don Mark. No tienen idea de la cantidad de velas a las que ha asistido, “eso se me chispotea dijo el chapulín colorado”, pues tiene ese hábito desde los 12 años.

Señala que sus padres le preguntaban el porqué se dilataba tanto en el pueblo, y él contestaba con un “me fui a una vela” y con el tiempo éstos se fueron acostumbrando a las llegadas tardes de Don Mark.

Sus amistades se encargan de avisarle de la vela del día, quienes a como dé lugar le hacen llegar la noticia de algún muerto. “Desde chavalo me gustaron las cosas de la iglesia, por eso no le tengo miedo a los muertos, y es bonito asistir a las velas porque a veces me encuentro con amigos”, nos cuenta Don Mark.

DON “MIGUEL BULLA”

Con una contagiante sonrisa y sosteniendo un rollo de lotería en sus manos, Don Miguel Arana Mejía es conocido por todo el pueblo como “Miguel Bulla”, y destaca como el vende lotería más popular y hablantín del municipio de Camoapa.

Nacido en Bluefields y criado en Boaco, este señor de 70 años de edad, aún tiene la fuerza necesaria para recorrerse las zonas más transitadas de la ciudad, tales como el parque central, la Alcaldía y el billar Leo, lugares que son puntos de referencia gracias a su presencia desde muy tempranas horas de la mañana. Ese apodo de Miguel ‘Bulla’ me lo puso una novia”, cada vez que yo iba a su casa yo sólo escuchaba, “ahí viene Miguel Bulla”, y así me apodan porque decían que yo hablo mucho”, nos cuenta con una sonrisa que contagia a todo el grupo de vende loterías que se encontraban en el momento de la entrevista.

Así se fue dando a conocer y ahora todo el pueblo y especialmente sus compañeros que venden lotería lo llaman así.

LOS ADORNOS PARA MONTURA

Caballitos, hebillas de cabezada, herraduras, hebillas para empalar espuelas, son las figuritas de acero que elabora Homero Pérez, de 25 años, el único artesano de piezas de acero en La Laguna Negra.

Homero pasa martillando con un cincel y sobre moldes de figura los adornos que portarán las albardas y monturas de las fiestas patronales de la ciudad.

La figura más cara, pues es en la que más tiempo se invierte, es el caballito que por unidad puede llegar a valer 30 córdobas.

Homero aprendió ese oficio cinco años atrás con un amigo, mientras trabajaban en sociedad, ahora lo hace, desde las 7 de la mañana hasta las 4 de la tarde y en el día se pueda hacer hasta 30 docenas de las figuras más sencillas, refiere.

También se dedica a “echar terneros”, al cuido de ganados y a la siembra de granos básicos.  

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