“a veces, como parece que sucede en nicaragua, la adulteración de la voluntad popular no se realiza en las urnas, sino en la falta de mecanismos democráticos dentro de los propios partidos, en la injusta descalificación de candidatos, y en pactos parlamentarios contra natura destinados a cerrarles el camino a oponentes incómodos, o a repartirse el poder como si fuera un botín conquistado en la guerra; una verdadera vergüenza en un país que tanto luchó y tanta sangre derramó para conquistar su libefrtad”
Carlos Alberto Montaner
De vez en cuando me encuentro con algunos amigos míos que me preguntan que qué es lo que tengo en contra de Arnoldo Alemán. Les digo que están equivocados. Yo no tengo nada en contra de Arnoldo Alemán, simplemente amo a Nicaragua. Y como amo a Nicaragua, me duele que se encuentre en la situación en que la tiene el actual gobierno, así como me dolió -y aún siento el resquemor- de la noche negra en que los sandinistas se dedicaron a saquear al país para llenar sus bolsillos, a acabar con la economía, a propagar la pobreza, a encarcelar enemigos políticos, a asesinar a sus adversarios y a despojar de sus bienes a muchos miles de nicaragüenses. Es lógico que tampoco deseo el retorno del sandinismo, que es el argumento que enarbolan para defender al actual gobierno sus amigos, para meternos el mono del ogro que ya conocemos y que nadie desea que regrese.
Pero sí, me duele Nicaragua. Me duele cuando un escritor, un comentarista político latinoamericano como Carlos Alberto Montaner, de gran prestigio y credibilidad, describa el panorama político de Nicaragua en una forma tan dura y tan triste, pero al mismo tiempo tan real.
De manera que cuando sientan que escribo con animadversión, tengan plena seguridad que están equivocados. Escribo con amor. Y lo que yo he dicho, no lo digo yo solamente, lo dice el mundo entero, y lo dice Carlos Alberto Montaner quien es más versado que yo en todos estos asuntos de la democracia y de la política.
Ernesto Rivas Solís.