Erasmo Medina
Definitivamente, debemos estar claros todos los nicaragüenses que Arnoldo Alemán dio fiel cumplimiento a su famoso slogan electorero, “el cambio viene, Arnoldo te conviene”, léase “a Don Arnoldo le conviene”, y así fue, porque la verdad es que en toda la historia de gobiernos y gobernantes, éste que estamos soportando actualmente ha ganado el campeonato en materia de corrupción y podríamos decir como se dice en el argot popular, “se la dejó en la mano” al mismo FSLN con la famosa “piñata sandinista” y a otros gobiernos corruptos que han pasado por nuestra azarosa historia política.
Es obvio que el pueblo lo eligió porque entendió que Arnoldo le convenía al Pueblo, ya que así se entendía el slogan, pero tarde descubrimos que fue una manipulación del lenguaje para acumular más votos, y su estrategia le resultó y pagó con creces, porque según se maneja en círculos y medios serios, su fortuna se ha triplicado en el tiempo que lleva en el poder y esto ha “beneficiado” también a sus funcionarios quienes en su mayoría viven en la opulencia en franco y abierto irrespeto a las condiciones infrahumanas en que viven la mayoría de las familias nicaragüenses.
Este garrafal error que cometimos la mayoría de los nicaragüenses al haber electo a un verdadero verdugo del pueblo y no a un benefactor, nos llama a reflexionar con seriedad a los electores ante la cercanía de las elecciones municipales y generales a tener mucho cuidado y no dejarse engañar por slogans electoreros, por muy bonitos que se oigan, y analizar con madurez si los candidatos representan los más caros intereses de este sufrido pueblo, que puedan generar un mínimo de confianza en que las cosas serán mejores, y en caso contrario, debemos negar el voto con la autoridad moral que nos asiste, a los candidatos que con slogans populistas pretenden tomar el poder para continuar asfixiando a nuestro pueblo sin más esperanzas que la resignación a lo que venga.
Recordemos que errar es humano, pero cometer dos veces el mismo error el pueblo no puede permitírselo. Acudamos entonces a las urnas a depositar o negar el voto según el resultado del análisis que cada elector haga en lo más íntimo de su conciencia, y hagamos votos porque esta vez no caigamos en el mismo error de las pasadas elecciones y elijamos a quien honestamente esté dispuesto a cambiar de una vez por todas el estado de cosas actual y nuestro país se enrumbe hacia una verdadera democracia que dé oportunidad a los sectores más vulnerables y se destierren para siempre los vicios de la corrupción y la prepotencia y se substituyan por la honestidad cristalina y la humildad para felicidad de nuestro noble pueblo que tanto se lo merece.