Emilio Porta P.*
Nuevamente los padres del fallido modelo de economía mixta vuelven a enarbolar la bandera del populismo y a lanzar sus erradas propuestas a Nicaragua. Esta vez lo hacen mediante la Central Sandinista de Trabajadores (CST) y abordan el tema del salario mínimo.
Sin lugar a dudas una política que tiene como objetivo aumentar los ingresos de los trabajadores parece ser popular y socialmente deseable, pues ayudaría a combatir la pobreza y aumentar la capacidad de consumo de la clase trabajadora, especialmente de aquéllos que ganan menos y que se encuentran sobre la línea de salario mínimo. Pero antes de impulsar una iniciativa como ésta, hay que meditar sobre los efectos que pudiera tener sobre el mercado laboral y el desempleo.
El salario mínimo presenta un dilema (lo que los anglosajones llaman trade-off) entre su efecto positivo, en términos de reducción de la pobreza de aquéllos que se encuentran trabajando, y los efectos negativos que tiene sobre la demanda laboral y como incentivo a la informalidad.
Un aumento en el salario mínimo ayuda a los que tienen trabajo, pero perjudica a quienes carecen de él, pues al encarecer el costo de la mano de obra se reduce la cantidad demandada de trabajadores y se acrecienta el desempleo. El hecho de que los desempleados estén desorganizados no justifica que nos olvidemos de ellos al momento de discutir las reformas laborales.
Reformas que tienen como objetivo encarecer el empleo perjudican especialmente a los jóvenes y a los que cuentan con menor capacitación, dificultándoles aún más sus posibilidades de conseguir empleo.
Hay que destacar que un aumento del salario mínimo no garantiza aumentar el poder adquisitivo de la clase trabajadora, pues este incremento de costos puede verse reflejado en un incremento en el nivel de precios.
Antes de iniciar el debate sobre el incremento del salario mínimo hay que preguntarnos: ¿Es éste el tiempo más indicado para iniciar la discusión? Ciertamente éste no es el momento de crear incertidumbre en el mercado laboral. La crisis del sector financiero, el aumento observado en el desempleo y los problemas que atraviesa el agro nos indican que la economía de Nicaragua podría estar iniciando un ciclo recesivo, por lo que un aumento en el costo del factor productivo trabajo disminuiría la productividad del sector privado, acelerando la crisis económica y acentuando el desempleo.
Bajo las actuales circunstancias, nuestra mayor preocupación debiera ser impulsar iniciativas que fortalezcan la generación de puestos de trabajo. Con el objetivo de estimular el empleo y fortalecer el crecimiento económico.
En particular, hay que tener presente que un mercado laboral flexible, pero donde los derechos básicos de los contratos laborales son respetados, es la mejor protección que se le puede otorgar a la gente para adquirir un empleo y salir de la pobreza.
Al observar la experiencia europea podemos aprender que los países de ese continente que más han avanzado en reducir el desempleo y que han alcanzado las mayores tasas de crecimiento, son precisamente los que más han avanzado en flexibilizar sus mercados laborales.
Espero que estas reflexiones colaboren a aclarar algunos aspectos del salario mínimo y representen los intereses de aquéllos que anhelamos una oportunidad para poder trabajar.
* Abogado.