En Letra Pequeña

Fabián [email protected]

Lisonjas

Nunca había visto tantas lisonjas juntas, como las derrochó don Luis Mejía González en el libro “Alemán: El transformador de Nicaragua”. Hay gente que resulta muy eficiente cuando de mover el cepillo se trata. Pero Mejía González no es el primero ni será el último apologista que encontremos, más cuando del otro lado está un ego tan proclive a la mentira y a la adulación. Pero no se crea que las lisonjas son de gratis. Por ello sólo suceden cuando aquél a quien van dirigidas tiene algo de poder en sus manos, y puede beneficiar o perjudicar. ¿Quién escribe apologías a Kim Il Sun ahora? ¿quién a Stalin? ¿a Somoza?

Encuestas

Don Luis Mejía González es el mismo que sorprendió la semana pasada con una encuesta salida de un organismo que se hace llamar Centro Nicaragüense de Estudios de la Opinión y que fue publicada… ¿Adivinen dónde? En La Noticia. Por supuesto, en esa encuesta Wilfredo Navarro, el candidato que dice no creer en las encuestas, iba ganando. Lo que no aclaró Navarro es que él no cree en las encuestas que pierden, pero sería de tontos, no creer en las que elabora Mejía González, que siempre va a ganar.

¿Y el gentilhombre?

Pero ni bien había terminado don Luis Mejía González de decir todas las virtudes de gentilhombre que tiene nuestro presidente, cuando a éste se le salió el demonio que no lleva tan adentro. Y durante dos horas el presidente les dijo: “enanos mentales”, “sanguijuelas”, “mentirosos”, “falsarios” y mucho más a sus adversarios. Pero ahí está don Luis, llamándonos a conocerlo por su lado amable: “Dicen de él que es brusco, intolerante, que impone su criterio, que es impaciente, que dice la última palabra y que no acepta sugerencias. No lo conocen bien quienes así se expresan de él para justificar sus críticas o para presentar una falsa imagen suya, por conveniencias políticas”.

Perdones públicos

Antanas Mockus, un candidato a alcalde para Bogotá, Colombia, hace unos días, en su campaña electoral decidió bañarse en una fuente capitalina para pedir perdón públicamente por haber abandonado a la ciudad cuando fue alcalde en 1997 sin haber cumplido lo que prometió. Alguien sugirió, que la lavada en público no bastaba, y que tal vez ayudarían unos azotes, y pronto salió una tajona en manos, por supuesto, de un político rival. La cosa no pasó a más pero necesariamente me hizo pensar en la cantidad de políticos que deberían estar pidiéndole perdón al pueblo antes de cualquier cosa y, créanme, sobrarán tajonas para ayudarle a expiar sus culpas.

Demandas

No sé si es un síntoma de sanidad o de enfermedad pero últimamente todo mundo anda con ganas de demandar a todo mundo. Que si me miraste feo, que cuando dijiste corrupto sé que te referías a nosotros, que no me gustó lo que escribiste. He escuchado tanta tontería que se esconde en palabras que deberían tener mejor fin, tales como la ética, la libertad de expresión, el derecho a la intimidad, etc.  

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