El riesgo electoral

Frank Arana Icaza

Algunas encuestas y artículos recientes, que supuestamente muestran el panorama electoral de Managua, señalan las posibilidades de que la fórmula Lewites-Evert, del FSLN, llegue a ganar la Alcaldía de nuestra capital en las próximas elecciones.

Lo anterior me mueve a compartir algunas reflexiones que nacen de la observación del llamado “repunte conservador” y la evidente división de la derecha democrática en el mapa electoral.

Parafraseando a Cristiana, los “tiernos conservadores” que ahora dirigen al P.C., deben tener mucha prudencia y tolerancia para lograr llenar las expectativas que un amplio sector de la población está teniendo en esta rejuvenecida organización política. Es necesario que, en vez de ahuyentar a sus adeptos, tengan verdaderamente los brazos y la mente abiertos, para poder acoger a todos aquéllos que en esta nueva etapa del conservatismo, quieran aglutinarse en esta alternativa que puede llegar a ser la que alcance la consolidación del sistema democrático en el país.

Para esto, en primer lugar, deben confirmar sus principios conservadores y compromiso con el sistema democrático, por el que tanta sangre ha derramado nuestro sufrido pueblo.

Deben dejar claramente establecida su disposición de lucha en contra de los enemigos de la libertad, sin prestarse a enredos y engaños que den la percepción y siembren la duda, que por jóvenes ambiciones personales, puedan llegar a cometer errores, que en vez de consolidar la Democracia, la entreguen a los naturales adversarios de ella.

Por consiguiente, no deben perder claridad en su visión, enfrentando equivocadamente a quien no es el adversario a derrotar.

La tarea es ardua y peligrosa; por lo tanto, prioritariamente deben buscar la unidad familiar, como paso indispensable para convencer a los demás de la bondad de la nueva oferta conservadora. Si no tenés tu casa en paz, ¿cómo querés poner la casa de todos en paz?.

Lo siguiente, que comprendo es de difícil cumplimiento, es tener una voluntad férrea hacia el desprendimiento personal. Actualmente la característica visible ha sido que muchos de estos nuevos dirigentes, se han acogido a la bandera verde en búsqueda de llenar sus propias ambiciones y así se notan, casi sin discreción, las discrepancias y enfrentamientos entre los interesados en ocupar la máxima posición de la República, a ser electa por los nicaragüenses en el 2001.

Lo correcto sería buscar en el más amplio espectro posible, la persona idónea para dirigir esa tarea de tanta responsabilidad. Sin sacrificar supuesta popularidad, debe escogerse una persona que refleje el sentir nacional y lo sepa interpretar con seriedad, sabiduría y madurez. Sin importar sexo, edad, raza o ideología, siempre y cuando comparta los principios fundamentales y el compromiso con el sistema democrático.

Las posibilidades están presentes. Sólo falta que ahora los “tiernos” adopten un proceso rápido en el que adquieran estas cualidades, y así puedan marcar la diferencia para inaugurar en este nuevo siglo, una Nicaragua viable, vigorosa y dedicada como un todo al logro de la solución a los problemas que hemos heredado.

* El autor es Analista Político.  

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