Presidente incorregible

A juzgar por las últimas comparecencias del Presidente Arnoldo Alemán, la nueva secretaria de Comunicación Social, Marta McCoy, ha fracasado rotundamente en su propósito de moderar las presentaciones públicas del titular del Ejecutivo para mejorar su imagen que está patéticamente deteriorada.

Seguramente la responsable de las comunicaciones presidenciales se había sentido alentada en su loable propósito de corregir al Presidente Alemán, al escuchar las palabras que éste dijo en su programa semanal en la radioemisora del Estado, el lunes 14 de agosto: “Vamos a esperar que Marta, con el modo que tiene Marta y con la inteligencia, salgamos adelante en este cierre de gobierno”.

Pero, como dice el antiguo refrán: genio y figura, hasta la sepultura. Y no es culpa de la señora McCoy que no pudiera corregir el comportamiento, el lenguaje y la imagen del Presidente Alemán. La verdad es que personajes como éste son inmodificables, porque su adicción al propio yo es mucho más fuerte que cualquier otra consideración, inclusive las conveniencias políticas, partidistas y de Estado.

Es lamentable este fracaso de la señora McCoy, porque es para provecho del país que se necesita que el Presidente de la República se comporte como representante y mandatario de todos los nicaragüenses y no como un activista político; que actúe como estadista y no como cualquier agitador de barricada.

Por otra parte, entre la palabrería ofensiva contra numerosas personas e instituciones que profirió el martes pasado durante una comparecencia en Radio Corporación, el titular del Ejecutivo hizo algunas referencias a LA PRENSA que no queremos pasar por alto.

En efecto, para justificar la negativa de su gobierno a dar a conocer el informe sobre la auditoría que el Banco Mundial hizo al Banic, antes de su privatización parcial, el Presidente Alemán insistió en el socorrido pretexto del “respeto al sigilo bancario” y señaló que por qué no pedimos el informe al mismo Banco Mundial. Según el mandatario, así como LA PRENSA obtuvo y publicó un resumen del mencionado informe, de la misma manera podría conseguir el documento completo.

Pero no es al Banco Mundial ni ninguna otra institución financiera internacional que nosotros tenemos que pedirles cuentas, porque ellas no son el gobierno de Nicaragua. Quienes tienen la obligación de informar al pueblo nicaragüense sobre sus actos y negocios con los fondos públicos, son el Presidente Alemán y sus funcionarios. ¿Acaso el Presidente Alemán ignora que el artículo 131 de la Constitución establece que “los funcionarios de los cuatro Poderes del Estado, elegidos directa o indirectamente, responden ante el pueblo por el correcto desempeño de sus funciones”, y que “la función pública se debe ejercer a favor de los intereses del pueblo”?

Además, el Presidente Alemán se proclamó durante su comparecencia del martes pasado en Radio Corporación, como promotor de una revolución de la honestidad en Nicaragua (¿?), y aseguró que la mejor prueba de que su gobierno no es corrupto radica en que la comunidad internacional le sigue ayudando, pues si fuera corrupto nadie le ayudaría. Con esas palabras el Presidente Alemán trata de vender la nueva estrategia, obviamente electoralista, de su partido-gobierno, para tratar de neutralizar los señalamientos de corrupción gubernamental que hace la opinión pública basada en hechos reales, como los checazos, el aprovechamiento del poder para acumular tierras y fincas, la “terraza del Mitch”, las gratificaciones millonarias con fondos públicos a los altos funcionarios, las coimas cuantiosas, los telepuertos, etc.

Pero la verdad es que la comunidad internacional no niega ayuda a ningún gobierno porque sea corrupto. Lo que exigen los donantes es que los fondos donados no sean afectados por la corrupción.

Aunque la verdad es que la comunidad internacional debería dejar de ayudar a los gobiernos corruptos y exigirles integridad y transparencia como condición indispensable para ayudarlos. De esa manera ocurriría una de dos cosas: o se reduce sustancialmente la cooperación externa, o se termina la corrupción y con ella las satrapías que desgobiernan los países atrasados y necesitados del Tercer Mundo.  

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