El repunte conservador

Adolfo Calero

Encuestas recientes acusan, para muchos, un grato y sorprendente repunte del conservatismo. Aparentemente los electores han encontrado una alternativa viable y deseable, la llegada de Pedro Solórzano ha sido el factor decisivo; no así la candidatura presidencial de Noel Vidaurre, quien acarreó menos del 3% del electorado en las elecciones de 96.

PC, PLC y FSLN aparecen en un virtual triple empate. Cualquiera de los tres partidos podría, si las elecciones del 2001 fueran hoy, situarse en primer lugar, así también se vislumbra que ninguno de ellos obtendría el 35% necesario para ganar en primera vuelta, pero esto último, más que un hecho, es un pensamiento esperanzador de que los sandinistas no lleguen al 35%. Hay que considerar que la izquierda se dispone a presentar un frente unido y la derecha a ir partida en dos.

Si el PC y el PLC, indistintamente, salen en primero y/o segundo lugar, este escrito, no vendría al caso, pero lo más probable, aunque no deseable, sería que el FSLN calificara para una segunda vuelta y habría de enfrentar a uno de los partidos antes mencionados. ¿Qué harían liberales y conservadores en este caso? Ya el pueblo ha dado la respuesta en las elecciones de 90 y 96; votaron sólidamente por la derecha, representada por la persona o el partido con mayores posibilidades de derrotar al FSLN. Existe la posibilidad de que esto se repita y nuevamente se evitaría otro mandato sandinista.

Antes de las elecciones nacionales del 2001, sin embargo, las habrá en 151 municipios del país; ocupémonos de las de Managua, muy importantes para el futuro del país y que por su magnitud incidirán fuertemente en las nacionales. Las encuestas denotan un primer lugar para el candidato del FSLN, en los próximos treinta días esto podría cambiar, pero por el momento el próximo alcalde de Managua apunta a ser un sandinista. Por otro lado, las mismas encuestas indican que sumadas las posibilidades de los candidatos del PLC y el PC, éstos aventajan al del FSLN. ¿Qué hacer en este caso? En las elecciones municipales no hay segunda vuelta.

Como ya establecimos, el pueblo ha reaccionado sabiamente en las dos últimas elecciones, antes de que hubiera elecciones municipales separadas, y cerrado filas en contra del FSLN. ¿Habrá de hacerlo nuevamente? Es posible, pero ¿no sería más indicado que los líderes del PC y PLC se anticiparan y presentaran una alternativa bien pensada y ordenada en vez de correr un grave riesgo, atenerse a la espontaneidad y a la sorpresa? Aplica al caso el dicho popular: “Viendo a la novia se enamora el pretendiente”.

En política no existen soluciones simples y sencillas, no existe un camino único. Sus altos y bajos, su complejidad y sus presiones obligan a la escogencia de alternativas. Es un campo donde la acción se presenta siempre sujeta a contrapesos y equilibrios cuya escogencia está frecuentemente rodeada de encrucijadas.

Escoger entre lo bueno y lo malo, no representa reto alguno; entre lo bueno y lo mejor, quizá sea un poco más complicado, pero se necesita ser algo pragmático para saber que con frecuencia se ve uno obligado a elegir entre lo malo y lo peor. Y lo peor en este caso es volver a lo que calificó El Santo Padre ante millares de nicaragüenses, “la noche oscura”.

Repito de un escrito anterior: si la Revolución Francesa de 1789 dividió al mundo en liberales y conservadores, la Bolchevique de 1917, aunque finalmente fallida, ha traído una nueva división, izquierda y derecha. Conservadores y liberales, ambos productos de la cultura occidental y cristiana, con los años de bregar político, han encontrado coincidencias, no de oportunidad o coyunturales sino valederas, aglutinantes y salvadoras.

La división de la derecha en Chile trajo a Allende, la unidad de la derecha en España trajo a Aznar. ¿Qué queremos para Nicaragua un Allende o un Aznar?

* El autor es diputado conservador.  

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