En relación con las informaciones sobre el
designado Embajador de mi país (Venezuela), Fredy Balzán, comparto plenamente, como demócrata respetuoso de la autonomía de los Estados para definir y ejecutar sus políticas internas, la reacción de algunos voceros y medios nicaragüenses a rechazar o aceptar a quienes vayan a ocupar cargos de representación diplomática. Las razones expuestas son valederas.
Estuve en Nicaragua en la década de los ochenta, pero no interfiriendo en sus asuntos internos. Ejercí el pastorado de la Primera Iglesia Bautista de Masatepe, púlpito que utilicé para enseñar la Palabra de verdad y con verdad. Por no tomar partido con el Gobierno de turno me encarcelaron y deportaron, además de una cadena de infamias que se levantaron en mi contra.
Esperé casi diez años para volver a pisar suelo nicaragüense y vi con orgullo que el país hermano tomó el camino de la democracia y enterró las armas para buscar la paz. Bien lo dijo Doña Violeta en su discurso del 25 de abril de 1990: “…nunca más rugirá el cañón…”.
Jamás propicié la matanza entre hermanos que hubo durante esa barbaridad que denominaron Servicio Militar, tampoco me alegré cuando intentaron dividir a la Iglesia Católica y Evangélica creando la herética “Iglesia Popular”. Frecuento a Nicaragua, amo este país como al mío propio y me dicen ¡Bienvenido!, porque nunca empuñé un arma para vejar a los nicas, ni usé uniforme para trabajar en la “seguridad” y perseguir a quienes no compartían la ideología oficial de aquel tiempo.
Lamento el editorial de LA PRENSA, no porque su contenido sea falso, sino porque mi país siempre fue considerado como amigo de Nicaragua y hoy estamos lejos y distantes. Afortunadamente la distancia de hoy es producto de hombres y circunstancias temporales, pues nosotros, los ciudadanos comunes, seguimos amando esta bendita tierra y formulamos votos por la paz y la unidad. Seguiré visitando esta nación, satisfecho, pues siempre habrá sonrisas para un venezolano que vivió en carne propia los atropellos del Gobierno al que apoyó el colega Balzán, quien por varios años sembró vientos y hoy cosecha tempestades.
Los hijos de Bolívar, padre de seis naciones -incluyo a Panamá-, no tenemos lugar en el corazón para la xenofobia y menos para los nacidos en la patria del poeta de León.
Germán Novelli (venezolano)