- Programa tiene un componente de reinserción
social y económica, pero se ha hecho poco para
cumplirlo
Karla Marenco [email protected]
La reinserción social y económica de las víctimas de las minas antipersonales es uno de los principales componentes del Programa de Desminado en Centroamérica, pero es muy poco lo que se está haciendo para lograr este objetivo por falta de recursos.
Por el momento la ayuda internacional ha fluido para la destrucción de las minas instaladas y almacenadas y, para la prevención, señalización y atención a las víctimas de minas, no a la reinserción a la sociedad y a un trabajo digno para que los afectados por las minas puedan sobrevivir y sentirse útiles.
La OEA planea reforzar el “Programa de Atención para las Víctimas de Minas y Artefactos Explosivos” que se lleva a cabo desde 1997, con la cooperación del gobierno de Suecia. El programa ha brindado apoyo aproximadamente a 230 víctimas con el traslado de su comunidad al centro de rehabilitación; alojamiento, alimentación, prótesis, terapia y medicamentos.
El ministro de Defensa, José Ramón Kontorovsky reconoció que la reinserción socioeconómica aún no ha sido tocada porque en este momento la destrucción de las minas es la prioridad dentro del Programa de Desminado, para evitar más víctimas.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y los gobiernos de Canadá y México impulsan la Estrategia de Rehabilitación a las Personas con Discapacidad en Base a la Comunidad (RBC) en Nueva Segovia, Madriz y Estelí.
Con la estrategia de RBC se realizan talleres de sensibilización a personal médico y líderes comunitarios para ayudar a personas con algún tipo de discapacidad producto de la guerra y otros discapacidades generadas por enfermedades.
Con esta estrategia se trata de que las personas acepten su discapacidad y busquen alternativas de trabajo para salir adelante, pero es una labor difícil si en las mismas comunidades donde habitan no tienen oportunidades de trabajo.
El doctor Norman Lanzas, coordinador de la Subcomisión de Atención Médica y Rehabilitación de la Comisión Nacional de Desminado, explicó que hay muchas perspectivas que el trabajo de dicha comisión en un corto plazo sea más ágil y tenga mayor beligerancia en cuanto a la atención médica a las víctimas de minas, pero sobre todo su reinserción socio profesional, que es lo más importante.
“Darles prótesis lo más rápido a las personas que tienen una lesión por minas, pero también una formación profesional, capacitarlos para un trabajo ya sea en el mismo que tenía antes o en uno nuevo”, sostuvo Lanzas.
La doctora Maritza López, responsable del Programa de Rehabilitación del SILAIS-Madriz, explicó que para ayudar a las personas con discapacidad, sea como consecuencia de una mina u otras razones, es necesario el apoyo conjunto de todas las instituciones del gobierno y la sociedad civil para que los afectados tengan una oportunidad de trabajo.
“El problema es que Madriz es muy pequeño y somos extremadamente pobres, por lo tanto la dificultad para las personas con discapacidad es mayor. El apoyo de muchos organismos puede ser de presencia física, talleres de manualidades o de educación sobre el manejo de un discapacitado, pero necesitamos más interés de parte del gobierno”, apuntó López.
CONSEJO DE REHABILITACION NO FUNCIONA
– Existe en Nicaragua un Consejo Nacional de Prevención, Rehabilitación y Equiparación de Oportunidades de las Personas con Discapacidad que está obligado a hacer cumplir la Ley 202, creada precisamente para incentivar la integración social y laboral de este grupo de nicaragüenses que conforman el 12% de la población.
– Pero solamente es un Consejo que quedó plasmado en la Ley 202 (aprobada en septiembre de 1995), pues ni siquiera las máximas autoridades que lo conforman se han reunido una sola vez, pese a que fueron juramentados por el Presidente Arnoldo Alemán, en agosto de 1998.
– Conforman el Consejo mencionado los ministros de Salud, Acción Social, Trabajo y Educación, el presidente del consejo directivo de INIFOM, un representante de INATEC, dos representantes de personas con discapacidad, un representante de los Organismos No Gubernamentales vinculados a la materia y un representante de cada uno de los Consejos Regionales de la Costa Atlántica.
– El doctor Norman Lanzas, coordinador del Consejo Nacional de Rehabilitación y suplente en este caso de la Ministra de Salud cuando ella esté ausente, contó que quienes sí se han reunido en tres ocasiones son los representantes de las personas que conforman el Consejo Ejecutivo.
– “Estamos esperando que haya una reunión del Consejo Ejecutivo para poderles presentar a los ministros nuestras inquietudes y que ellos decidan si les dan curso a un plan que hemos propuesto para que se comience a trabajar en un reglamento interno y en el presupuesto que necesitamos para que empecemos a trabajar”, sostuvo Lanzas.
HABLAN LAS VICTIMAS
Santos Barrientos Martínez, de 36 años, es uno de las miles de hondureños que habitan en la zona fronteriza con Nicaragua, que perdió hace cuatro años una de sus piernas al pisar una mina en un cafetal de la comunidad de Trojes, departamento de Paraíso, Honduras.
Barrientos participó en un encuentro centroamericano (realizado en Nicaragua la semana pasada) de personas que trabajan con la estrategia de Rehabilitación de Base Comunitaria (RBC), donde el tema central giró en torno al trabajo que el sector salud y la comunidad realizan para ayudar a las víctimas de las minas.
El contó que lo más difícil durante el proceso de rehabilitación, además de aceptar que perdió una parte de su cuerpo, es el rechazo de las personas del entorno: los amigos, vecinos y todos los que alguna vez dijeron ser sus amigos cuando estaba completo.
“Yo soy Santos Barrientos, mi vida no terminó cuando tuve el problema, sino que mis responsabilidades son las mismas”, dijo.
Don Gabriel Valle, de nacionalidad salvadoreña, es otro facilitador que trabaja con RBC en su comunidad ubicada en Metapán, municipio Santa Ana.
En 1981 recibió cuatro balazos en su cuerpo, tres en su pierna izquierda y otro en el brazo derecho durante la guerra y estuvo a punto de quedar parapléjico.
“He vivido en carne propia el problema, pero eso no bajó mi autoestima, y me hizo valorar que puedo ser útil a la sociedad”, expresó Valle.