Noél A. Cruz Barrientos
¿Qué dice la tradición del nacimiento de María Madre del Señor? Según la opinión más probable, nació en Jerusalén el 8 de septiembre día en que la Iglesia conmemoró tan glorioso nacimiento.
El nacimiento de María fue sin aparato y no ofreció a la vista de los hombres nada exterior u extraordinario, a lo menos la tradición calla sobre este punto. Sólo los espíritus celestiales rindieron homenaje a su augusta y soberana y celebraron su venida al mundo con cantos de alabanza y acción de gracias.
La fiesta del nacimiento de María data de hace más de mil trescientos años que la Iglesia romana celebra esta fiesta. Francia la adoptó hacia fines del siglo IX, y se dice que Angers fue la ciudad que más se distinguió entonces por su entusiasmo en celebrarla.
Es por eso que la Iglesia celebra con afectos de vivísima alegría y profunda gratitud, a causa del honor dispensado a María de nacer (como había sido concebida), exenta de todo pecado, llena de gracia y santidad; y también por la esperanza de los grandes bienes que este dichoso nacimiento anuncia a la tierra, como cantamos en esta hermosa antífona de las segundas vísperas de la natividad.
Al nacer María dice San Bernardo, el cielo empieza a reconciliarse con la tierra, puesto que este nacimiento es como la prenda de las paces que Jesucristo va a establecer entre Dios y los hombres.
Todos los cristianos católicos debemos bendecir a Dios y darle gracias por el don de tan santa Madre, imitando su fidelidad en corresponderle a los designios de Dios y en aprovechar su gracia procurando como ella crecer más y más cada día en virtud y santidad. La Iglesia recomienda también avivemos nuestra devoción a santos que fueron de la familia de María. Esta práctica familiar a Santa Brígida, es gratísima a la celestial señora y puede sernos sumamente provechosa.
Otro dato histórico digno de ser recordado es que esta fiesta de su Natividad se celebró por primera vez en Oriente. El Papa San Sergio (687-701) quien la introdujo en el Occidente al establecer que se celebrase en Roma cuatro fiestas en honor a Nuestra Señora; la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación. Bajo la Iglesia de Santa Ana que venera como el lugar donde nació la Madre de Dios. (Sacado de la vida de los Santos de Butler).
Qué podemos decir pues de nuestra madre la más tierna y dulce de todas las madres. Ella siempre dispuesta a protegernos contra los enemigos que nos amenazan, ella intercediendo por nosotros.
¿Qué nos enseña María con su gloriosa maternidad divina, su silencio profundo? Que en el silencio Dios nos habla nos instruye nos conduce, ella fue siempre sumisa a ese llamado especial, desde que estaba en el seno de Santa Ana Abuela del cielo. Dirá Ignacio Larrañaga que la vivencia de la fe, a la vida con Dios es eso: un éxodo, un siempre salir “tras ti, clamando”. Es buscar a Dios todos los días, no querer buscar solamente aquellos bienes inútiles que nos alejan de su amor infinito, eso es la humanidad, el mundo, la juventud, los hombres de negocio, el administrativo.
Que María nos conduzca a una verdadera amistad con Jesucristo, que desea que nosotros la tengamos siempre como madre y maestra.
El autor es catequista y miembro de DOCAN.