Y los Discípulos tenían miedo…

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

El Hijo del hombre va a ser entregado. Si alguno quiere ser el primero que se haga el servidor de todos.
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 9, 30-37.

En aquel tiempo Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará”.

Pero ellos no entendían lo que quería decir y tenían miedo de preguntarle. Llegaron a Cafarnaum y, una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?”, pero ellos se quedaron callados, porque por el camino habían discutido acerca de quién era el más importante.

Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: “el que quiera ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos”.

Después tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que recibe a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado”.

Palabra del Señor.

Lecturas Bíblicas:

Sabiduría 2, 12. 17-20/Santiago 3, 16-18; 4, 1-3/San Marcos 9, 30-37.

Algunas veces ciertos detalles en la Sagrada Escritura pueden permitirnos abrir un tema de reflexión, como en el evangelio de hoy, que guarda una estrecha relación con la conclusión del Evangelio del domingo pasado. Por segunda vez el Señor anuncia su pasión y cualquiera temblaría ante una suerte de esta naturaleza, cuando se abraza una causa redentora; por esto es comprensible humanamente las palabras de Jesús sobre el sufrimiento, generaría en sus discípulos un profundo miedo, hasta tal punto que lo pensaban sólo con preguntarle. Se trata de una verdad que Jesús nunca les calló y que ellos debían de asumirlo con toda la libertad de los hijos de Dios.

En este segundo anuncio de la pasión el Evangelio pone al descubierto los intereses ocultos en los discípulos, y a pesar de que Jesús repite su misión, ellos seguían sin entender y dejándose guiar por sus propios criterios. El Señor se encarga de instruirlos acerca del plan de Dios. En esa comunidad seguidora de Jesús habían niños y adultos, y por esto toma al niño, que aún no tiene la capacidad de ambicionar un puesto como lo desea un adulto y que busca la primacía; así el Señor no sólo quiere hacer sentir la igualdad entre todos, sino la acogida que debe existir entre ellos, viendo en cada uno a su persona misma; esto guarda una estrecha relación con Mateo que dice: “lo que hicieres con uno de éstos, conmigo lo hiciste”. (25, 40).

Mirando hacia la primera lectura que hoy leímos, la reflexión bíblica profundiza en este misterio divino, al poner al malvado como juez del justo; racionalmente absurdo pero no para la fe. ¿Cómo es posible que el malo juzgue al bueno? Sin embargo, esto debe ocurrir para hacer brillar la justicia divina y tumbar las palabras de los malvados.

La liturgia de la palabra de este domingo, nos lleva a escribir páginas espirituales que el ser humano experimentará siempre: ¿acaso no es cierto que la humanidad y el cristiano tienen miedo al sufrimiento? ¿acaso no es cierto las injusticias que vemos a diario cuando los malvados se gozan por el daño ocasionado a los justos, donde el inocente es culpable y el culpable es inocente? Basta seguir los acontecimientos de la vida y constatar con tristeza que mientras los verdaderos culpables de los quiebres empresariales, bancarios etc., se arreglan en lo secreto y gozan de libertad, otros, que sólo son subordinados, son elegidos para ser chivos expiatorios de responsabilidades que no son de ellos y que sirven sólo como una cortina de humo.

La cruz seguirá inspirando fuerza y temor, pero el mundo pertenece a los valientes, éstos son los verdaderos héroes que escriben la historia, y los cristianos debemos entender siempre que no buscamos cuotas de poder temporal y que el cristiano seguirá siendo una causa; que abrazar la cruz es un orgullo y una gloria.  

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