La norteamericana Marion Jones levanta sus brazos jubilosamente al tiempo que Ekatenni Thanou de Grecia se conforma con el segundo lugar.

Jones y Greene se roban el suspenso

Edgard Tijerino M.Enviado de LA PRENSA a SYDNEY [email protected] De balas trazadoras a relámpagos cegadores, en eso se convirtieron Marion Jones y Maurice Green mientras se tragaban la pista asombrando a más de 100 mil testigos oculares, en ruta hacia victorias categóricas en los 100 metros. La aplastante superioridad establecida por los dos sprinters norteamericanos […]

Edgard Tijerino M.Enviado de LA PRENSA a SYDNEY [email protected]

De balas trazadoras a relámpagos cegadores, en eso se convirtieron Marion Jones y Maurice Green mientras se tragaban la pista asombrando a más de 100 mil testigos oculares, en ruta hacia victorias categóricas en los 100 metros.

La aplastante superioridad establecida por los dos sprinters norteamericanos desde la fase clasificatoria, fue ratificada en la final con tal contundencia, que por primera vez en la historia de la más excitante prueba de pista, el suspenso no estuvo presente más que en el despegue.

¿Cómo fue posible que todo estuviera siempre claro en una competencia de apenas 10 segundos entre los mejores especialistas del planeta?

No deberían haber considerado trascendental la ausencia de Inger Miller, la más temible rival de Jones, porque ahí estaban la griega Ekaterini Thanou, quien había prometido pelear el oro hasta el último centímetro, después de haber ofrecido a lo largo de este año pruebas fehacientes que podría hacerlo…Y la agresiva jamaiquina Tanya Lawrence…Y la terca veterana Marlene Ottey, también de Jamaica, todavía con la capacidad muscular para ejercer presión…Y la flecha de Ukrania, Zhanna Pintusevych.

Como siempre, el nerviosismo cubrió a todo el Estadio y en las pantallas gigantes el rostro de Marion se vio siempre sereno, con ese gesto dulce, como si estuviera pensando en jugar con una Barbie, no en proyectarse espectacularmente en busca del oro… Después de dos salidas falsas, partieron.

Junto con el rugido de la multitud, Marion pareció un Concorde buscando cómo levantar vuelo en el aeropuerto Orly o DeGaulle, en París… A los 30 metros, ya estaba en pleno desarrollo, y a los 50 controlaba la carrera… A los 70, tuvimos la impresión que sus rivales se habían detenido porque la distancia comenzó a ampliarse, y cuando cerró, completamente erguida, con los brazos abiertos y esa sonrisa que pretende capturar el cariño y la admiración de todos, el cronómetro marcó 10.75 segundos, distante de la marca fuera de peligro de Florence Griffith (10.49), pero estableciendo una diferencia récord con la ganadora de la medalla de plata Ekaterini Thanou que registró 11.12.

¿Tienen ustedes una idea clara de lo que representa una ventaja de 37 centésimas?…Es un mundo amigos… Puede entrar a Word en su computadora y buscar un archivo en ese tiempo.

La victoria de Jones, con amplitud sin precedentes para la distancia, robó el suspenso pero no espectacularidad, y el público la disfrutó, como prueba de dominio, como un alarde de superioridad.

Luego, vinieron los 100 varones, con Green en el centro del universo, moviéndose con esa arrogancia que parece acompañarlo desde su nacimiento… Mirando al cielo mientras hacía rechinar su dentadura como ofreciéndole su demostración a las estrellas… Sin duda, se sentía más grande que el Estadio.

Greene es la fuerza pura, la musculatura construida con flexibles fibras de acero, la ambición, la suficiencia, la velocidad, el espectáculo… Había perdido tres carreras importantes frente a diferentes rivales éste año, pero despreciaba esos amargos recuerdos fingiendo no recordar… “Nunca fallo en las grandes pruebas” había advertido durante una multitudinaria conferencia de prensa antes de llegar a las semifinales.

Su gran rival, era su compañero de equipo Ato Boldon, sobreviviente de los finalistas de Atlanta, buscando otra medalla, ¿y por qué no de oro?…Donovan Bailey había quedado eliminado, pero el británico Dwain Chambers, se había adueñado del siempre iluminado carril 4 registrando el mejor tiempo. Y es que Greene no necesitó ir a fondo para ganar cada uno de sus heats… El norteamericano Jonathan Drummond y Obadele de Thompson de Barbados eran también amenazas en una prueba en que se prohíbe parpadear.

Salieron, Greene aparentemente sin prisas, como si tuviera todo bajo control, tanto en lo mental, como en lo emocional y lo muscular… Comenzó a proyectarse como saliendo de una computadora y pasó al frente con autoridad mientras levantaba la cabeza y se deleitaba con el rugido… Su tiempo de 9.87 no le permitió borrar los 9.84 de Bailey en Atlanta, pero quedó la impresión que todo lo hizo con suavidad, mostrándonos que era el dueño de la prueba desde muy temprano, y el cierre impetuoso de Ato Boldon para 9.99, no lo incomodó en lo mínimo… La misión estaba cumplida.

No hubo suspenso, pero Jones y Green supieron emocionar a la multitud y al mundo entero, con esas demostraciones de superioridad aplastante, en un evento tan difícil de predecir como la centuria.

Un metro más

* Además de las credenciales, los periodistas necesitaban tickets especiales entregadas en la Sala de Prensa, para entrar al Estadio Olímpico… Pese a ésta limitante, más de 3 mil reporteros fueron testigos oculares.

* Maurice Greene nació el 23 de julio de 1974 en Kansas City y es dueño del récord mundial con 9 segundos y 79 centésimas, establecido en Atenas el 16 de junio del 99.

* Marion Jones apenas tenía 4 años, cuando la jamaiquina Marlene Ottey, estaba corriendo los 100 metros en los Olímpicos de Moscú en 1980.

* Las posibilidades de Marion de ganar el oro en 4 por 100, se han debilitado por la salida de Inge Miller y la poca fortaleza del equipo norteamericano. Si Miller está disponible y corre Gail Devers, cambiarían las perspectivas.  

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