Alegría e incertidumbre en el Perú

Lo que para muchos peruanos era un secreto a voces, que el Presidente Alberto Fujimori no podría sostenerse en el poder sin el apoyo de su hombre de confianza, el siniestro asesor presidencial y jefe del temido Servicio de Inteligencia Nacional, Dr. Vladimiro Montesinos, resultó ser cierto. Para algunos peruanos, incluso, el verdadero poder del país estaba en manos del temido asesor presidencial.

Dos escándalos políticos recientes en los que Montesinos se vio involucrado, culminaron con una inesperada comparecencia pública de Fujimori el sábado por la noche para anunciar que convocaría a elecciones presidenciales en el más corto plazo posible y que él no participaría en ellas. El anuncio tomó por sorpresa a los peruanos y a todo el mundo.

El primer escándalo tuvo que ver con la venta de 10,000 rifles AK-47 a la guerrilla colombiana. Pero fue el segundo escándalo el que constituyó la gota que rebalsó el vaso. El viernes pasado la televisión peruana hizo público un video en el que Montesinos aparece en su oficina entregándole una suma de dinero en efectivo a un diputado que perteneció al partido Perú Posible que se opuso a Fujimori en las elecciones de mayo pasado, para que, supuestamente, se pasara a las filas del oficialismo. Ante tal acto de corrupción, muchos sectores –incluyendo la Iglesia– pidieron de inmediato la destitución del asesor presidencial, pero lo que resultó al final de cuentas fue el sorpresivo anuncio de Fujimori de adelantar elecciones.

Todavía hay personas en este momento que están asombradas por la decisión que tomó el presidente peruano. Hay varias teorías para explicar su comportamiento. Una de las más razonables es la que sostiene que, ante la presión originada por la transmisión del video, Fujimori intentó despedir a Montesinos, pero que de inmediato se encontró con la oposición de las fuerzas armadas. La otra teoría sugiere que fueron los mismos militares quienes filtraron el video para salir de Fujimori y de Montesinos. Se recordará que este último fue quien desde principios de los años noventa obtuvo para Fujimori el apoyo decidido del ejército. En todo caso, la tan necesaria convocatoria a nuevas elecciones, que ni la OEA ni los Estados Unidos pudieron lograr, parece que se conseguirá por uno de esos accidentes del destino.

Lo importante es lo que viene ahora para el Perú. Mucha gente ha manifestado gran alegría ante el anuncio presidencial, pero existe también una gran incertidumbre que se deriva de la actitud que pudieran tomar los militares. El gobierno propuso que las elecciones se efectúen dentro de seis meses, y que Fujimori permanezca hasta entonces en la Presidencia. Todavía está por verse si los peruanos aceptarán eso, y si podrán mantener la calma durante todo ese período en el que se tendrán que hacer muchas cosas para asegurar unas elecciones verdaderamente libres y transparentes.

Una de las figuras con mayores probabilidades para liderar la oposición a Fujimori es Alejandro Toledo, del partido Perú Posible. No obstante, él no es el único, y ni siquiera, hasta hace poco, el más popular. En una encuesta de opinión efectuada la semana pasada en Perú, Fujimori aparece con un grado de aceptación popular del 44 por ciento, el alcalde de Lima, Alberto Andrade, con un 42 por ciento, y Alejandro Toledo con sólo un 25 por ciento.

Ojalá que las elecciones anunciadas se realicen en paz y en libertad, y que los peruanos consigan elegir a un nuevo presidente que sepa capitalizar los indiscutibles logros económicos del fujimorato, pero dentro de un marco democrático y de respeto a los derechos humanos. No hay que olvidar que fue Fujimori quien terminó con los movimientos terroristas, controló la hiperinflación y reactivó la economía del Perú. Lastimosamente, se creyó indispensable y no escatimó ninguna clase de marrullerías para lograr perpetuarse en el poder. Su desmedida ambición tiene ahora a su país en una situación delicada.  

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