Nada justifica la barbarie

Ary Neil Pantoja

Durante el gobierno comunista de josé stalin en la antigua Unión Soviética, casi 25 millones de personas murieron a causa de las políticas económicas implementadas, incluyendo los asesinatos directos a causa de la represión desatada por el régimen imperante. Todo por mantener un gobierno y en pro del “desarrollo” de una ideología.

La violencia ejercida por el general Augusto Pinochet (1973-1990), dejó miles de personas asesinadas y otro tanto de desaparecidas. Hay quienes justifican el actuar del general Pinochet con “el desarrollo” logrado por Chile en el ámbito económico.

Ninguna vida humana, ni una sola, vale “el desarrollo” de todo un país. No se justifica que por el bienestar de una nación o un pueblo se tenga que “eliminar” a una persona. Si fuese así, la pobreza de las naciones se solucionaría matando a los pobres.

Me entristece escuchar opiniones (o verlas escritas) de ciudadanos de distintos países en las que manifiestan que “a pesar de las atrocidades” del régimen militar “hubo un desarrollo económico” en Chile.

“Si el General Somoza hubiera sido como el General Pinochet, jamás en nuestro país hubiera existido la masacre que se produjo con los sandino-comunistas”, escribió un lector de LA PRENSA digital. Tampoco se justifica lo que pasó durante el gobierno sandinista, pero a este ciudadano le respondo que si menos personas pensaran como él, estoy seguro que el mundo estaría mejor de lo que actualmente está.

Otro lector escribió: “Si no ha sido por Pinochet los chilenos fueran comunistas que más quieren una patria limpia”. Qué triste. Mientras estas personas condenan el comunismo como forma de gobierno, apoyan la ignominia y la represión sufrida por un pueblo durante 17 años.

Es increíble que ni siquiera quienes vivieron esa experiencia piensan en vengarse, ahora que tienen la oportunidad, por el contrario. Al terminar la entrevista, don Ricardo Zambrana me dijo que no pedía castigo para Pinochet, “porque ya ha sufrido lo suficiente con haber estado detenido y ser juzgado públicamente”.

Los individuos son libres de pensar como mejor les parezca y apoyar los gobiernos y las ideologías que prefieran. La libertad de que gozamos les permite ese derecho y no soy yo quien va a juzgarlos.

Imagino que los chilenos vieron coartada esa libertad y ese derecho durante 17 años de dictadura militar. Ahora que los han recuperado, no deben dejárselos arrebatar bajo ninguna circunstancia ni pretexto.

Un alto jefe del Ejército de Nicaragua me dijo: “Los militares nunca deben involucrarse en política y lo que sucedió en Chile no se justifica y no debe repetirse, pero muchas veces los ejércitos se ven obligados a asaltar el poder ante la ineficiencia e ineficacia de la democracia civil para gobernar”.

Es su opinión y la respeto, pero yo no creo que exista una persona en el mundo que apoye a un gobierno militar que, “por el bien y el desarrollo” de una nación, mate a sus ciudadanos o los someta a torturas y vejámenes inimaginables sólo porque son sus adversarios políticos como en el caso de Chile.  

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