La comunicación puede volverse confusa

Douglas Carchache

La tecnología y sus términos originados en el idioma inglés, han penetrado con fuerza en el español y ponen en riesgo la comunicación en esta lengua, sobre todo si los periodistas nos dejamos contaminar.

Se ha vuelto común que los banqueros o sus empleados digan incorrectamente “aperturar”, al referirse a la apertura de una cuenta bancaria, en vez de ABRIR que es lo correcto, pero lo preocupante es que algunos periodistas utilicemos ese mismo término y aparezca en los periódicos, la televisión o la radio, porque en vez de contribuir a la educación de la población, estamos empujando hacia atrás.

“A partir de hoy estamos recepcionando sus cartas”, decía un locutor de radio una mañana reciente. Debió decir RECIBIENDO, pero el “recepcionar” se ha colado en el vocabulario de muchos de nosotros y algunos hasta lo usan con énfasis creyendo que hacen gala de una buena modernidad.

Más allá de ese palabrerío que nos llegó con las computadoras y el retorno de emigrantes que vivieron en Estados Unidos, algunos términos del inglés han influido desde hace mucho tiempo en el español y han variado el significado de palabras que usamos con frecuencia y que aceptamos de hecho en su nueva acepción.

La colega colombiana María Teresa Ronderos, me señalaba por ejemplo la palabra “seriamente” que nosotros hoy usamos para decir que algo es grave, sin que signifique eso según su sentido original.

“La caída de las reservas afectará seriamente la economía”, hemos escrito. Si nos apegamos al significado inicial de la palabra “seriamente”, ésta equivale a formalidad, prudencia o juicioso, pero por su nuevo uso ha tenido que ser aceptada como sinónimo de grave o peligroso.

Lo más probable es que le hayamos dado ese nuevo sentido por influencia de la palabra “serious”, del inglés, que sí significa grave o peligroso, pero de ninguna manera formal o juicioso.

Siempre los idiomas han estado expuestos a las influencias de otras lenguas, pero con los cambios tecnológicos acelerados, el inglés ya tiene arrinconado al español, como en una pelea de boxeo donde aquel mete más los puños.

Por eso vemos con tranquilidad cómo nuestros estudiantes o colegas dicen “chatear” en vez de conversar.

Alex Grijelmo, en su libro “Defensa apasionada del español”, advierte que “si el castellano no actualiza a tiempo el idioma técnico, (éste) se infiltra en forma de neologismos distintos en las diferentes áreas de la lengua con el consiguiente peligro de crear una nueva Babel”.

“Puede ocurrir que llegue el momento en que los libros técnicos en castellano utilicen tal número de palabras distintas para designar una misma realidad, que terminen por ser incomprensibles para otros hispanohablantes”, dice el periodista español.

Por lo pronto esperemos que los nicaragüenses podamos identificar esas deformaciones del idioma español y las corrijamos, en busca de una mejor comunicación y por aprecio a nuestra identidad, porque sería lamentable que se nos vuelva común decir “chainéeme” los zapatos en vez de lústremelos, como hemos oído en Miami cuando los latinos se apoyan en la palabra “shine”.  

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