Periodistas ante la corrupción

Gabriel Trillos

Pararse frente un monstruo y luchar con él cuerpo a cuerpo es casi inimaginable. Sin embargo, esa es la escena que me evoca el pensar en el papel de los periodistas frente a la corrupción.

La corrupción es un cáncer. Poco a poco, y en ocasiones a paso acelerado, va devorando todas las estructuras de la sociedad. No respeta condiciones ni cargo. Los gobiernos de América Latina están completamente infectados. Corruptos y corruptores mantienen una nefasta alianza en detrimento de los ciudadanos.

Esa alianza, muchas veces promovida por los gobiernos o por importantes funcionarios del stado, es la que consume el dinero de los impuestos, protege los monopolios, atropella al ciudadano común y se mueve con tráfico de influencias, deja en la pobreza a millones de personas mientras unos pocos acaparan cada vez más riquezas, y alimenta el crimen organizado.

La corrupción se presenta en diversas formas; una veces es imperceptible, en otras, es descarada, protegida y permitida. Pero sea como sea ésta, es sumamente difícil combatirla, y casi es utópico erradicarla.

Una de las misiones fundamentales de los periodistas es fiscalizar las acciones de los gobiernos, y por ende combatir la corrupción generada en todos los niveles de éste.

Sin embargo, no es una tarea tan fácil. La corrupción es fuerte y mantiene puertas con fuertes candados para cualquiera que quiera afectarla.

Combatir la corrupción no es solamente pensar y decir “yo estoy en contra de la corrupción”. Combatir la corrupción significa asumir un compromiso grande que significa mucho sacrificios.

En América Latina, muchos periodistas han sido asesinados por su tenacidad en la investigación de la corrupción.

Recordemos el caso del fotoperiodista argentino José Luis Cabezas, asesinado mientras investigaba la conexión de un empresario con el crimen organizado. O pensemos en la larga lista de periodistas colombianos que han muerto por denunciar la infiltración del narcotráfico en el gobierno de ese país u otras formas de corrupción.

Así como existen docenas de formas de corrupción, existen docenas de formas de presionar a los periodistas que combaten la corrupción. Las presiones, extorsiones, amenazas a muerte, denuncias judiciales infundadas son sólo algunas de ellas.

Pensemos un momento en Perú, en donde el gobierno mantiene una estructura de inteligencia para controlar cada uno de los pasos de los de los periodistas, y para poder darles una “estocada” en el momento en que se “salen de la raya”.

A medida que el periodismo avanza en la lucha anticorrupción, cuando se vuelve más fiscalizador, más profesional, más investigativo, más independiente, las presiones aumentan también.

Por eso es muy importante que los periodistas latinoamericanos estén cada vez más comunicados, más conectados entre sí para que existan formas de combatir esas presiones. En la medida que se cohesionen los periodistas, se podrán construir opciones o “ventanas de oxígeno” a esas vendettas construidas por los grupos de poder que promueven las acciones corruptas.

Es importante además, porque los periodistas necesitamos profesionalizarnos y tener las mejores herramientas a la mano para enfrentar los retos de un periodismo moderno. Al estar conectados se puede compartir todo tipo de información que ayude de forma inmediata a conseguir armas en contra de la corrupción y de las presiones.

En El Salvador, el periodismo ha ido avanzado de forma sustancial tras la finalización de la guerra. Muchos grupos de poder aún no se acostumbran o no asimilan el avance del periodismo, pues están acostumbrados a un periodismo servil, haciendo reverencias a funcionarios y poderosos.

El periodismo en El Salvador avanza hacia el cumplimiento de la función de “perro guardián” promovida por el periodismo estadounidense cuando estaba en su mejor momento.

Sin embargo, faltan armas importantes para poder continuar evolucionando. Por ejemplo, el acceso a la información pública.

Comenzando por eso, el periodismo está casi atado, y debe luchar a cómo de lugar para poder conseguir información de las fuentes públicas.

Los periodistas en El Salvador necesitan luchar por el verdadero respeto al derecho a la información. La Constitución de El Salvador contempla ese derecho; Tratados Internacionales firmados por los gobiernos salvadoreños, contemplan ese derecho también, pero no se le da cumplimiento.

Un movimiento como Periodistas Frente a la Corrupción permitirá realizar algunas presiones a los gobiernos para que permitan y respeten ese derecho. Este movimiento debe tener una buena base internacional pero también debe afincarse localmente en cada país. Debe vincularse estrechamente a las acciones de los periodistas locales y a las asociaciones de periodistas, ya que esto le permitirá hacer funcional su objetivo. De lo contrario, quedará como un intento más de promover el avance del periodismo en Latinoamérica.

En lo personal, celebro la formación de este movimiento del cual espero formen parte miles de comunicadores del continente y que podamos construir una fuerte cadena que trascienda las fronteras geográficas y los obstáculos de la corrupción.

*El autor es periodista salvadoreño

Jefe de Redacción La Prensa Gráfica, El Salvador

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