La nueva cara de Gaddafi

Emilio Alvarez

De la noche a la mañana la imagen de “terrorista internacional” que persiguió al dictador libio por más de doce años, ha sido borrada. Lo que hizo la diferencia fue su sorpresivo gesto de pagar el rescate de varios millones de dólares por seis rehenes europeos secuestrados desde hace cinco meses por la guerrilla musulmana de Sayyaf en la isla Joló, al sur del archipiélago filipino.

En todo caso la decisión humanitaria del fundador de la república Jamahiriya, conmovió a los gobernantes de unión europea. Ellos tenía compatriotas en el grupo de turistas retenidos, llevados a la fuerza de la vecina Indonesia. Al ser liberados la semana pasada los primeros seis cautivos, hubo en Trípoli una fastuosa celebración organizada por el astuto Gaddafi, a la cual asistió el canciller de Alemania Gerhard Schroeder y otros altos dignatarios europeos, como seña del fin del ostracismo del dictador libio.

Hasta entonces el líder sunni sufría un rígido boicot comercial por las grandes potencias. Se le acusaba de financiar actos terroristas en varios países, y como represalia los EE.UU. impuso a Libia en 1986 sanciones comerciales y congelación de fondos. Más aún, la marina estadounidense hizo presencia en el golfo Sidra en maniobras amenazadoras, a las cuales los libios respondieron disparando misiles antiaéreos. Esto motivó a su vez un severo bombardeo norteamericano a Benghasi y Trípoli que ocasionó varias muertes, entre ellas la de una pequeña hija adoptiva de Gaddafi.

No obstante el mayor delito atribuido al dictador libio era haber enviado a plantear explosivos en el vuelo 103 de Panam que cayó envuelto en llamas la noche del 4 de octubre de 1988 cuando pasaba por los cielos de Lockerbie, Escocia, provocando la muerte de todos los 115 pasajeros. La cerrada negativa de Gaddafi de entregar los sospechosos para juzgarlos, motivó las severas sanciones contra su gobierno.

Todo ese episodio de resquemores y venganzas quedó bruscamente superado al efectuarse hace tres días la entrega del resto de los 21 prisioneros que quedaban en poder de la guerrilla musulmana. Ese gesto filantrópico de Gaddafi cumplió el indudable propósito de mejorar la imagen internacional, distensionando las relaciones del mundo árabe con Occidente, aunque sienta el fatal precedente que es negocio capturar turistas.

En realidad el episodio de Lockerbie había empezado a resolverse cuando Gran Bretaña y Estados Unidos autorizaron a Kofi Anann a que enviase a Gaddafi a fines del año pasado una carta donde prometía que las consecuencias del juicio que se sigue en Holanda contra los sospechosos libios no afectarían a Muammar Al Gaddafi, con lo cual quedaba éste fuera de responsabilidad. Como consecuencia los sospechosos fueron entregados.

Por otra parte, durante todo el tiempo que duró esa curda controversia, Nicaragua jamás cortó relaciones diplomáticas con Libia. Esta mantiene aquí inversiones para importar vegetales frescos de Sébaco urgentemente necesitados, dado el carácter desértico de un 93% de su territorio. Por lo demás es bien sabido cuan estrechas eran las vinculaciones del FSLN con Libia en los años ochenta. De hecho Daniel Ortega viajaba frecuentemente donde su amigo a conseguir donaciones en efectivo y créditos para importar petróleo, aún pendientes de arreglo o condonación de pago. En estos momentos una misión diplomática nicaragüense a la república socialista de Jamahiriya sería oportuna.

*El autor es analista político  

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