Sólo recordar las gestas heroicas de nuestra Independencia y de nuestra Guerra Nacional no es suficiente para la reafirmación de nuestra nacionalidad, y para demostrar nuestro civismo. Se hace necesario imitar la valentía y el amor a la Patria que nos enseñaron nuestros héroes, para reafirmar nuestro amor por Nicaragua.
Si bien es cierto que gozamos de una independencia como Estado soberano, sin filibusteros en nuestra Patria que pretendan esclavizarnos, también es cierto que nuestro enemigo común lo tenemos en nuestro suelo, de aquellos malos hijos de Nicaragua, que utilizando diferentes banderas pretenden arrebatarnos nuestra incipiente democracia, la que debemos de defender a costa de nuestras vidas.
No basta el esclavismo por potencia e ideología extraña, para percibir que Nicaragua se tambalea en una crisis económica, social y política que amenaza con nuestra débil democracia. Ninguno de los gobiernos en turno, han llenado las expectativas de nuestro pueblo de satisfacer sus necesidades económicas, sociales, políticas y de justicia. No lo hicieron los gobiernos Revolucionarios, de Transición, ni tampoco el gobierno de turno. En cada uno de ellos sus funcionarios han saqueado el erario dejando más empobrecido a nuestro pueblo y cubriéndose con la bandera de gratificar a quienes le han servido; se cubre con el velo de favorecer al pueblo practicando la democracia.
La lucha de ahora los ciudadanos nicaragüenses, será por erradicar a los gobiernos, despóticos, oligárquicos y corruptos que cada día empobrecen más a Nicaragua. Mientras el pueblo languidece en su miseria y el hambre le corroe sus entrañas. Observamos cómo nuestras ciudades se pueblan de suntuosas residencias de “revolucionarios, políticos, militares, funcionarios y de lacayos”, de los gobiernos en turno. Observamos magníficos automóviles y toda clase de vehículos deportivos, para su propia diversión o para la de sus hijos. Y mientras el pueblo a ese que se dicen representar, se moviliza a pie y descalzo, algunos en destartalados vehículos de uso público y otros a lomo de caballo, estos últimos más flacos que sus dueños.
Nicaragüenses es hora que demostremos nuestro civismo y nuestro espíritu de lucha. Apoyando a los valerosos ciudadanos que claman por una efectiva democracia para Nicaragua, nuestra indiferencia en apoyar esta lucha es como una puñalada trapera para nuestro pueblo. Mantengamos el patriotismo de nuestros próceres, luchemos porque nuestro pueblo alcance su satisfacción económica, social, política y de justicia, luchando por una efectiva democracia.
Francisco José Matus Robleto.